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Manuel García Caluff, investigador, botánico y artista, falleció en Santiago de Cuba a los 79 años, dejando un legado invaluable a la ciencia cubana como creador del Jardín de los Helechos, santuario verde que dirigió durante cuatro décadas en El Caney y que lo consolidó como una de las figuras más relevantes en el estudio de la flora nacional.
La noticia fue confirmada por el Centro Oriental de Ecosistemas y Biodiversidad (Bioeco), donde Caluff desarrolló una extensa y apasionada carrera científica.
“Botánico por pasión, amante de la flora y apasionado de la naturaleza”, expresó la institución en Facebook, que lo había homenajeado públicamente en febrero de 2024 con motivo del Día del Botánico Cubano.
Manolito, como era conocido con afecto, fue un autodidacta en el estudio de los helechos y otras plantas afines, campo en el que realizó aportes notables: describió 27 especies nuevas para la ciencia, así como un nuevo Notogénero, y cuatro plantas llevan su apellido como homenaje —tres helechos y una orquídea— descubiertas por él y formalmente descritas por otros investigadores, tanto cubanos como extranjeros.
Designado Investigador de Honor de Bioeco y Investigador Adjunto Honorífico del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Caluff recibió múltiples reconocimientos nacionales e internacionales, y dejó una huella imborrable en la comunidad científica cubana y en su ciudad natal, Santiago de Cuba.
Además de su labor investigativa, fue autor de numerosas publicaciones especializadas, entre ellas los libros El cultivo de los helechos, Conservación de los Licófitos y los Helechos en las Antillas y Licófitos y helechos invasores en Cuba.
También incursionó en la divulgación, compartiendo su pasión por la botánica con lenguaje claro y sensibilidad estética.
“El Jardín de los Helechos”, fundado en 1976, no solo fue un proyecto de vida, sino una obra de arte natural levantada con ciencia, paciencia y amor, y reconstruida tras la devastación del huracán Sandy en 2012.
En palabras del propio Caluff: “Las plantas y los ecosistemas que los habitan son la obra de arte de la evolución, y en ellos todo se complementa, armoniosamente, como en el cuadro del más renombrado pintor”.
Desde su jubilación en 2022, su legado continuó presente en la institución Bioeco y en el corazón de quienes lo conocieron.
Hoy, colegas, alumnos, familiares y amigos en Cuba y el extranjero lamentan la pérdida de un hombre cuya vida fue ejemplo de entrega al conocimiento y al cuidado del patrimonio natural.
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