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El círculo infantil Conchitas de Mar, ubicado en el reparto Turey de Baracoa, ha tenido que reducir horarios y cambiar sus condiciones de funcionamiento debido al grave déficit energético que atraviesa el país.
Según informó la emisora estatal Radio Baracoa en su perfil de Facebook, el centro se acoge a las alternativas dictadas por el sector de Educación para lidiar con los constantes apagones.
La subdirectora, Niubis Pérez Navarro, explicó que los niños son recibidos hasta las 9:00 a.m., y las familias pueden recogerlos desde las 12:30 p.m., en función de la reorganización de los centros laborales del municipio.
Aunque se insiste en que las actividades pedagógicas no se han afectado, el dato más alarmante del reporte es que la preparación de alimentos para los 215 infantes ya no depende únicamente del gas licuado: ahora se utilizan hornos de aserrín, carbón e incluso leña para cocinar en pleno 2025.
Pérez aseguró que, pese a las condiciones, los niños siguen recibiendo su dieta establecida y que ya se trabaja en la organización del plan de verano.
Pero los hechos hablan por sí solos: en un país donde se cocina con leña en círculos infantiles, no se trata de adaptación, sino de retroceso.
La falta de electricidad, el deterioro del sistema energético y la escasez de alternativas dignas convierten esta supuesta “normalidad” en un retrato crudo de la precariedad que afecta incluso a los más pequeños.
A mediados de mayo, la provincia de Artemisa implementó ajustes en el sistema educativo como respuesta a la aguda crisis energética.
Las autoridades flexibilizaron los horarios escolares y permitieron a los estudiantes asistir sin uniforme ante las dificultades para lavar y planchar, mientras se limitaban las sesiones docentes cuando no se podía garantizar una merienda escolar.
Estas medidas, lejos de ser extraordinarias, evidenciaron la normalización de la precariedad en las escuelas cubanas.
Pocos días después, en Guantánamo, la situación se replicó. Ante los prolongados apagones, el sistema educacional extendió los horarios de entrada y recogida en escuelas y círculos infantiles.
Aunque las autoridades insistieron en la continuidad del proceso docente, padres y madres expresaron su rechazo en redes sociales, denunciando el agotamiento físico y emocional de los niños, la falta de alimentos y agua, y las pésimas condiciones para estudiar.
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