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Una reciente visita familiar al Acuario Nacional de Cuba, compartida en redes por la usuaria @yaimara.jose, ha desatado una nueva ola de indignación pública ante el estado actual de la instalación, marcada por el abandono, el deterioro estructural y la evidente falta de atención a los animales marinos que aún permanecen en el recinto.
“Da mucha pena entrar aquí y ver esto en estas condiciones, nada que ver con la última vez que lo visité (hace muchos años). Es una sensación de tristeza y abandono la que sientes entrando por esa puerta; no dan ganas de seguir”, escribió la cubana en un mensaje acompañado de imágenes donde se observan estanques en mal estado, espacios vacíos y una escasa presencia de animales.
Su denuncia no solo refleja el malestar ciudadano ante la decadencia de un centro que alguna vez fue un símbolo de recreación y educación ambiental, sino que también revive un viejo debate sobre el papel oscuro que jugó el Acuario bajo el régimen cubano, que lo convirtió por varios años en una fachada para operaciones encubiertas de tráfico de delfines y otras especies marinas.
Inaugurado en 1960, el Acuario Nacional fue presentado durante décadas como una institución científica y educativa orientada al cuidado de los ecosistemas marinos.
Sin embargo, informes independientes y denuncias de activistas han sostenido que, más allá de esa fachada ambientalista, el acuario fue utilizado como plataforma para la exportación irregular de delfines, especialmente hacia países con vínculos diplomáticos con La Habana.
Estas operaciones, llevadas a cabo fuera de cualquier escrutinio ambiental transparente, habrían servido para generar divisas en momentos de crisis, a costa del bienestar animal y sin rendición de cuentas.
La queja de la familia cubana no es aislada. Usuarios en plataformas como Facebook, TikTok e Instagram han compartido experiencias similares durante los últimos años: filtraciones en techos, estanques sin limpieza, especies en espacios reducidos y sin condiciones mínimas.
“Es triste ver a esos pocos animalitos viviendo así”, comentó otro visitante.
A la par, crece la percepción de que mientras los centros públicos se desmoronan, negocios privados vinculados al turismo internacional muestran una vitalidad y cuidado contrastantes. “El Acuario está destruido, pero los hoteles cinco estrellas para turistas sí están impecables. ¿Dónde están las prioridades del país?”, escribió un internauta.
El deterioro del Acuario Nacional recuerda otros casos emblemáticos del abandono institucional en Cuba, como el del Parque Lenin o la Ciudad Deportiva de La Habana.
La repetición del mismo patrón ha llevado a muchos cubanos a perder la esperanza en una recuperación real de estos espacios públicos.
En abril de 2022, la muerte del león marino “Jocker”, presuntamente por desnutrición, encendió las alarmas. Aunque la dirección del Acuario negó esa versión, atribuyéndolo a problemas de salud por la edad del animal, activistas como Beatriz Batista pidieron el cierre inmediato del recinto y la reubicación de las especies.
Mientras tanto, el Acuario sigue promoviendo en sus redes sociales actividades como “encuentros con delfines”, con precios que resultan inaccesibles para la mayoría de los cubanos.
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