
Vídeos relacionados:
En Cuba, donde aún persisten estigmas y barreras institucionales para la comunidad trans, un grupo de hombres decidió recientemente visibilizar su identidad desde el terreno de juego, y más allá del deporte, levantaron la voz para reclamar lo esencial: el derecho a existir con dignidad.
“La sociedad no sabe nada de los hombres trans, de que existimos o de nuestras masculinidades”, declaró Merle Ramírez, uno de los fundadores del equipo “Translúcidos”, que intervino en el encuentro, en declaraciones a la agencia AP.
La entrevista, publicada días después de un partido amistoso celebrado en La Habana, refleja el objetivo principal de este grupo: hacerse ver y oír.
“Somos el primer equipo trans masculino fundado en Cuba y es una forma de visibilizarnos desde el deporte”, añadió Ramírez, quien también es fotógrafo y expuso una muestra artística como parte de las jornadas por la visibilidad trans.
Otro de los protagonistas, Davon Cornell Suárez, joven trans de 21 años y portero del equipo, expresó con firmeza: “Que sepan que existimos, que no somos un unicornio, no estamos en otro planeta. Estamos aquí”.
Aunque el encuentro deportivo entre los “Translúcidos” y el club femenino “Fembolers” ya pasó, su impacto va más allá de los 60 minutos en la cancha.
El equipo también brinda apoyo a otros hombres trans, como un joven que fue atacado por su padrastro con un arma blanca tras revelar su identidad, un caso que fue denunciado y que evidencia los peligros reales que enfrentan.
Pese a algunos avances legales como el Código de las Familias, que permitió el matrimonio igualitario y la adopción, las personas trans en Cuba siguen enfrentando restricciones.
El nuevo anteproyecto de Ley de Registro Civil, que se presentará en julio, propone permitir el cambio de sexo en el carné sin cirugía, pero exige un diagnóstico de “disforia de género” y excluye a quienes no se identifican con el binarismo hombre/mujer, subrayó AP.
Las declaraciones de Ramírez, Suárez y otros integrantes del equipo “Translúcidos” no solo hacen visible una realidad ignorada, sino que también interpelan a la sociedad cubana: la inclusión comienza cuando se reconoce que existen muchas formas legítimas de ser y vivir.
Numerosos casos evidencian un patrón persistente de violencia estructural, discriminación institucional y falta de políticas públicas efectivas que sigue afectando a la comunidad trans en Cuba, más allá de los discursos progresistas y las reformas legales anunciadas.
Una joven transexual cubana admitió en 2024 que se prostituía para juntar dinero que le permita abandonar el país, donde subraya que no hay vida para nadie, pero mucho menos para ella, que además de los problemas que tienen todos, sufre permanente discriminación.
En otra situación, una mujer trans fue discriminada al intentar ingresar a un centro cultural exclusivo para mujeres, donde se le negó la entrada con el argumento de que no era “una mujer real”.
Este acto transfóbico, ocurrido en Guantánamo, evidenció cómo los prejuicios continúan permeando incluso espacios que promueven la inclusión de género, dejando a la población trans en una zona de exclusión social sistemática.
Por su parte, la actriz Kiriam Gutiérrez denunció públicamente las barreras legales y sociales que enfrentan las personas trans en Cuba, cuestionando la narrativa estatal de supuesta inclusión.
Su intervención, respaldada por años de activismo, remarcó que la existencia de discursos oficiales no basta cuando persisten trabas reales al ejercicio pleno de derechos como el reconocimiento legal de la identidad de género.
Archivado en: