Por increíble que parezca, la Comisión Nacional de Béisbol en Cuba ha vuelto a demostrar que la improvisación, el autoritarismo y el abuso continúan marcando el destino de este deporte en la isla.
Esta vez, el blanco de su desatino ha sido el veterano lanzador pinareño Erly Casanova, quien ha sido sancionado con un año sin poder participar en ningún torneo oficial del béisbol cubano, según la denuncia del periodista Ernesto Amaya Esquivel en la red social Facebook.

¿El motivo? Gestionó por su cuenta su contrato con el Parma de Italia, sin pasar por las manos de la Federación Cubana. Algo que, según parece, sigue siendo imperdonable para los que controlan el béisbol desde oficinas cada vez más alejadas del terreno, expuso el comunicador.
Asimismo,explicó que Erly, como muchos otros, ha jugado en el extranjero sin la mediación de la federación en numerosas ocasiones. Sin embargo, esta vez decidieron convertirlo en "ejemplo" para meter miedo a los demás. Y lo hicieron sin siquiera notificarlo formalmente. Ni ha firmado una sanción, ni el INDER en Pinar del Río ni la propia Comisión Nacional le han comunicado nada por vía oficial. El castigo ha sido, literalmente, silencioso y cobarde.
Esta sanción, además de injusta, llega en un contexto crítico: el béisbol en Cuba se desangra, necesita sumar y no dividir. Y mientras otros jugadores son contratados por su cuenta sin recibir castigo alguno —y algunos, incluso sin jugar, son convocados al equipo Cuba—, Casanova paga el precio de ser recto, entregado y silencioso.
Este es un pelotero que no solo ha cumplido con profesionalismo dentro y fuera del país, sino que cría solo a sus dos hijos, ha lanzado incluso en medio de duelos familiares y jamás ha protagonizado un escándalo. Aun así, lo castigan como si fuera un traidor. Porque en Cuba, al parecer, el problema no es la acción, sino a quién se le permite hacerla.
Amaya deja claro que todo esto ocurre bajo la dirección de Juan Reinaldo Pérez Pardo, presidente de la Federación Cubana de Béisbol, cuya gestión es tan impopular como inexplicable.
También llegó a una conclusión: Con este nuevo atropello, es muy probable que Erly Casanova no vuelva a vestir un uniforme en los diamantes cubanos. Lo lamentable no es solo eso, sino que el béisbol en Cuba continúa perdiendo figuras, prestigio y credibilidad, mientras una cúpula dirigente toma decisiones a espaldas de sus protagonistas y de la afición.
El béisbol en Cuba no está en crisis por falta de talento, sino por exceso de mediocridad en sus estructuras de poder. “Esto ya no parece una institución: parece una MIPYME con dueños”, concluyó Amaya Esquivel.
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