Miguel Díaz-Canel admitió fallos en la conducción económica del país, durante una entrevista concedida al periodista brasileño Breno Altman. En un inusual gesto de autocrítica, el mandatario reconoció que la crisis actual no solo es resultado del embargo estadounidense, sino también de errores internos de su gestión.
“Sería deshonesto decir que no se han cometido errores. Es imposible no cometer errores cuando se trabaja bajo estas presiones”, dijo el gobernante cubano desde el Palacio de la Revolución y en entrevista trasmitida por el canal de Youtube de la Presidencia de Cuba.

Díaz-Canel insistió en que la causa “fundamental” de la crisis sigue siendo el “bloqueo criminal” de Estados Unidos, especialmente las sanciones impuestas bajo el gobierno de Donald Trump y mantenidas por la administración Biden y retomadas nuevamente por Trump en su segundo mandato. Sin embargo, reconoció que confluyen también factores internos que han profundizado el deterioro de la vida en la isla.
“Ha habido una coincidencia del bloqueo y una coincidencia de incongruencias, errores en la implementación de determinadas medidas económicas diseñadas para mejorar la situación y que no han tenido todo el impacto posible”, confesó.
Entre esos fallos mencionó la fallida Tarea Ordenamiento, la mentalidad importadora del país, la falta de inversión en sectores estratégicos como la agricultura y las fuentes renovables, y problemas graves como la corrupción, la ineficiencia administrativa y la fuga de profesionales.
El presidente reconoció que los dos mayores problemas actuales son el déficit energético y la inseguridad alimentaria. La primera, objeto de incontables quejas ciudadanas por los apagones diarios, fue descrita por Díaz-Canel como producto de termoeléctricas obsoletas, falta de repuestos e imposibilidad de realizar inversiones.
“El sistema tiene una estructura con más de 40 años de obsolescencia tecnológica”, admitió. “No hemos sido eficientes gestionando los pocos recursos disponibles”, agregó.
Sobre la alimentación, reconoció la incapacidad del país para sostener la canasta básica: “No hemos hecho las inversiones necesarias en la agricultura y en la producción de alimentos”.
El mandatario también admitió que las “conquistas” históricas de la Revolución, salud y educación gratuitas, han sido afectadas. Indicó que más del 70% del cuadro básico de medicamentos está desabastecido y que la mortalidad infantil, tradicional emblema de los logros del sistema, ha empeorado.
“Nos ha afectado notablemente. No estamos con los brazos cruzados, pero los indicadores se han deteriorado”, apuntó.
En el caso del sector educativo, habló de problemas con el equipamiento, la impresión de libros, la pérdida de poder adquisitivo de los maestros y el éxodo masivo de profesionales.
A pesar del diagnóstico sombrío, Díaz-Canel insistió en que el modelo socialista cubano es la única alternativa posible para el país.
“Aunque nos aprieten más las tuercas del bloqueo, vamos a responder con talento, con creatividad, con innovación”, argumentó.
Sin embargo, su afirmación contrasta con la creciente inconformidad popular dentro de la isla y entre los cubanos emigrados, que observan con escepticismo un discurso oficial desgastado tras décadas de promesas incumplidas.
Un llamado que no convence
A lo largo de la entrevista, Díaz-Canel hizo constantes apelaciones a la resistencia, la unidad del pueblo y los valores éticos de la Revolución. No obstante, su discurso se ve desbordado por la realidad: una isla empobrecida, una población agobiada por carencias y un éxodo sin precedentes.
Para miles de cubanos que viven a diario los apagones, la escasez y los altos precios, las palabras del gobernante no son consuelo, sino prueba del fracaso de un modelo que insiste en culpar al bloqueo mientras evade responsabilidades más profundas.
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