El humorista cubano Ulises Toirac encendió las redes sociales con una publicación que va mucho más allá del humor: una reflexión cruda y dolorosa sobre la normalización del desastre que vive gran parte de la población en la Isla.
A partir de una conversación casual en la calle, Toirac ilustró cómo la habitualidad de los apagones, la precariedad y la escasez han sido asumidas por muchos como parte inevitable de la vida diaria.
Según relató en su perfil de Facebook, un habanero le habló del estado psicológico de los habitantes de Pinar del Río, donde apagones de 18 horas ya no generan indignación, sino una suerte de rutina resignada: "Se habituaron. Viven así y no esperan otra cosa", le dijo.
Toirac confesó que se quedó "mudo de horror" al enfrentar cara a cara lo que llamó una defensa psicológica colectiva que permite a las personas sobrevivir sin perder completamente la cordura, aunque a un costo altísimo.
"En los albores del siglo XXI, en un país que llegó a tener más del 90 % electrificado desde hace burujón de años…", lamentó.

Pero su denuncia no se detuvo en los apagones.
El artista retrató un panorama de colapso sistémico: comida que se pierde por falta de refrigeración, jornadas laborales intermitentes, servicios médicos y abastecimiento casi inexistentes, farmacias sin medicamentos, tiendas sin productos.
Un entramado de carencias que, según Toirac, van más allá de una crisis económica: es una descomposición total de la vida cotidiana.
El texto, que ha sido ampliamente compartido y comentado, cierra con una metáfora bélica contundente: comparó la situación de Cuba con la de los territorios ocupados durante la Segunda Guerra Mundial, donde la esperanza renacía con las noticias del avance de los aliados.
Solo que en Cuba hasta la esperanza se perdió ya. "Aquí no hay eso. Ni en dos ni en diez [años] ni nunca. No habrá avance de las 'tropas amigas' porque no hay manera de que lo hagan", recalcó con desolación.
Toirac también criticó duramente la falta de acciones coherentes del gobierno, asegurando que las medidas tomadas parecen más propias de un "virus que se come a su hospedero", debilitando al país desde adentro. Afirmó no ver salida posible: "Es horrible y no veo la escapatoria".
La publicación ha tocado una fibra sensible entre los cubanos, que viven en medio de una emergencia energética, sanitaria y económica sin precedentes.
Su reflexión se convierte en testimonio de un país que sobrevive, pero que ha dejado de esperar el regreso de la normalidad.
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