Brasil se consolida como destino para los migrantes cubanos: “Aquí al menos puedo vivir como persona”

La ciudad de Curitiba destaca como destino, ofreciendo estabilidad y oportunidades laborales, aunque con desafíos migratorios y sociales.

Bandera de Brasil © Concepto
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Mientras miles de cubanos siguen soñando con llegar a Miami, otro grupo cada vez mayor ha empezado a cambiar de rumbo.

Ante el cierre de las puertas migratorias de Estados Unidos, endurecido por el presidente Donald Trump, Brasil —y en particular la ciudad de Curitiba— se ha convertido en un nuevo destino para quienes escapan del colapso económico y la represión en la isla.

“Cada día llega más gente”, cuenta a Bloomberg Santiago de Posada, un camagüeyano de 53 años que ahora dirige una pizzería en el centro de Curitiba. Llegó a Brasil en 2022 y ha visto cómo la comunidad cubana se ha multiplicado en cuestión de meses.

En 2024, más de 22,000 cubanos solicitaron asilo en Brasil, el doble que el año anterior, y este año ya han superado incluso a los venezolanos en solicitudes, según datos citados por Bloomberg.

Captura de Facebook/Bloomberg Línea

Una ruta nueva ante un sueño bloqueado


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Con las medidas migratorias impulsadas por Trump, que eliminó protecciones especiales para los cubanos y expuso a cientos de miles a la deportación, muchos en la isla han renunciado al sueño americano.

Es el caso de Lisbet Despaigne, una madre habanera de 35 años que decidió migrar a Brasil tras saber que un familiar fue retenido en México. “Mis hijos no iban a pasar por eso”, explicó a Bloomberg desde su nuevo apartamento en Curitiba.

Curitiba, capital del estado de Paraná, ha visto cómo llegan cientos de cubanos con historias similares. Buscan lo mismo: un poco de estabilidad, un techo, comida en la mesa y la posibilidad de vivir como seres humanos.

“No es mucho, pero es suficiente para vivir como una persona”, dijo al mencionado medio Roberto Carlos Escriba, un joven tunero de 27 años que trabaja como operador de maquinaria y cenaba junto a su esposa y su hijo en un restaurante lleno de compatriotas, reguetón de fondo incluido.

De La Habana a un supermercado lleno

Para muchos cubanos, llegar a Brasil significa también el primer encuentro con cosas que parecen imposibles en la isla.

“Los cubanos llegan aquí y entran en un supermercado lleno de carne y les dan ganas de llorar”, cuenta Oscar Vásquez, un chef habanero de 22 años con más de 12,000 seguidores en TikTok. “Cuando me fui de Cuba, nunca imaginé restaurantes como estos, y eso que soy cocinero”.

El fenómeno migratorio se ha multiplicado gracias a redes sociales, canales de YouTube y grupos de Facebook como “Cubanos en Curitiba”, que ya supera los 45,000 miembros. Ahí se comparten consejos para buscar vivienda, empleo y cómo enviar remesas.

El precio de empezar de nuevo

Pero el camino no es fácil. Muchos llegan a través de Guyana —único país de la región al que pueden viajar sin visado— y recorren largas distancias hasta el sur de Brasil. Algunos terminan endeudados por agencias de viaje fraudulentas, y otros se enfrentan al racismo o a la burocracia brasileña para obtener el estatus de refugiado.

“Una persona que emigra sin papeles no es nadie”, resume Noslen Castro, un manzanillero que ahora vive en Venâncio Aires, en el sur del país, y que se ha convertido en una especie de guía para otros cubanos.

En Curitiba, también hay historias como la de Liset Larrondo Salas, una afrocubana santiaguera que sufrió discriminación racial en una peluquería. “Es su problema. Yo no voy a dejar de ser negra”, respondió sin titubeos.

Un nuevo idioma, una nueva vida

Hoy, se escuchan acentos cubanos en supermercados, escuelas y parques. Cientos de niños cubanos se han matriculado en las escuelas locales y ya proliferan negocios de compatriotas: desde restaurantes y barberías hasta salones de tatuajes.

El alcalde de Curitiba, Eduardo Pimentel, aunque ha dado la bienvenida a los migrantes, ha expresado su preocupación por la presión que esto podría ejercer sobre los recursos de la ciudad.

Pese a todo, para muchos cubanos esta nueva vida vale la pena. “Los cubanos siempre piensan en Estados Unidos porque allí económicamente puedes ayudar a tu familia. Y por mucho que quiera, ahora no puedo”, admite Oreste de la Cruz, un ingeniero camagüeyano que lava platos en Curitiba tras ver rechazada su solicitud de asilo en EE.UU.

Mientras tanto, algunos como Gerardo González, un tatuador de 43 años, ya han traído a su esposa, hijo y hasta su chihuahua. “Al final, aquí se hablará español”, bromea.

Según un estudio citado por Bloomberg, la población de Cuba se ha reducido en casi una cuarta parte en los últimos cuatro años. Y el cambio de ruta hacia Brasil no es una simple estadística: es un reflejo de lo que muchos cubanos sienten al despertar cada mañana en la isla.

“No puedo vivir sin luz, sin comida, sin futuro”, dice uno. “Aquí, al menos, puedo vivir como persona”, dice otro.

Y en esa frase, se resume todo un éxodo.

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