Sandro Castro volvió a hacer de las suyas en Instagram, esta vez metido en un tanque de agua, con una batidora con cerveza en una mano y una antena de televisión en la otra, coronando la escena con una bandera de Estados Unidos colgada a su espalda.
"Qué mejor piscina que el tanque del gueto", dice en el video.
El excéntrico nieto de Fidel Castro afirmó que su comida favorita es pollo a la cerveza, pero que "no hay pollo".
Aunque para la gran mayoría no es más que un payaso de redes, lo cierto es que Sandro Castro ha empezado a usar sus absurdos videos para lanzar guiños incómodos al régimen y al desastre nacional.
En esta ocasión, además del grotesco performance del "Vampirach", intercambia con una mujer -a la que llama "la Cucarachita Martina"- y deja otra perla dirigida, sin tapujos, al colapsado sistema eléctrico del país.
"Si yo te cojo te doy como la UNE, a cada cuatro horas y de lunes a lunes", afirmó, en alusión a los apagones programados por la Unión Eléctrica.
Aunque sus videos suelen ser ridículos e incoherentes, algunos cubanos comienzan a leer entre líneas.
No es la primera vez que Sandro desliza críticas al régimen. Semanas atrás dio "like" a un comentario que se burlaba de Díaz-Canel, al que una usuaria apodó "el Singao puesto a dedach".
Ese simple gesto desató una ola de reacciones que interpretaron su "like" como un acto de desafío -o, al menos, de desmarque-hacia el mandatario.
En otro video, en tono paródico, culpó a ETECSA del tarifazo por "no estar tomando la bebida correctach", y propuso emborracharla "para ver si empieza a regalar datos".
Más allá del tono caricaturesco, Sandro Castro se ha convertido en un síntoma de lo enfermo que está el sistema: mientras el país se hunde en apagones, escasez y desesperanza, el nieto de Fidel juega a ser vampiro en Instagram, a la vez que deja recados en clave que, irónicamente, lo conectan más con el hartazgo popular que con la dirigencia que lleva su apellido.
Sus delirios tienen más de crítica que muchos discursos "serios". Y aunque muchos cubanos se burlan de él, también hay quienes aseguran que ya "tiene más pueblo que Díaz-Canel".
El chiste de "Sandro presidente" revela hasta qué punto el humor negro se ha vuelto una forma de escape y protesta. No es que lo quieran en el poder, es que están hartos de quienes ya lo están.
El nieto del dictador sigue usando el absurdo como disfraz, pero cada estupidez suya parece ir cargada de un mensaje: en Cuba, hasta el delirio hace más sentido que el discurso oficial.
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