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El Senado de Estados Unidos aprobó este martes el ambicioso proyecto de ley One Big Beautiful Bill, impulsado por el presidente Donald Trump, conocido como el “gran y hermoso proyecto de ley”, valorado en 3,3 billones de dólares, en medio de intensas divisiones políticas y crecientes preocupaciones por su impacto social.
Con la votación dividida a lo largo de líneas partidistas, el plan fue aprobado gracias al voto de desempate del vicepresidente JD Vance, luego de que tres senadores republicanos —Thom Tillis, Rand Paul y Susan Collins— se opusieran a la propuesta. Ningún demócrata del Senado respaldó la iniciativa, informó FOX News.
Mientras en el Capitolio se vivía esta jornada, en Florida estallaban los aplausos en un acto con Trump cuando se le notificó en vivo la aprobación del proyecto. “Gracias. ¡Guau! Estoy escuchando estas palabras maravillosas y son música para mis oídos”, dijo el presidente, emocionado ante un público entregado.
El proyecto de ley, que ahora regresa a la Cámara de Representantes, enfrenta críticas tanto desde la derecha como desde el centro del Partido Republicano. Los llamados “halcones fiscales” del Caucus de la Libertad consideran insuficientes los recortes al gasto, mientras que los moderados expresan su preocupación por los recortes a Medicaid, el programa de salud que beneficia a millones de personas con bajos ingresos en Estados Unidos, incluidos inmigrantes y ciudadanos de origen latino.
“Sabemos que tendrán algunos problemas allá, al igual que nosotros tuvimos algunos cuando llegó el tema aquí”, reconoció el senador Markwayne Mullin (R-OK), quien confía en que el texto final sea aceptado en la Cámara baja.
La oposición al proyecto no es menor. Aunque líderes republicanos como el presidente de la Cámara, Mike Johnson, han pedido limitar las modificaciones, la resistencia interna amenaza con frenar el avance de la iniciativa, a pesar del optimismo del presidente del Comité de Recursos y Arbitrios, Jason Smith, quien asegura que el proyecto estará sobre el escritorio de Trump antes del 4 de julio.
Incluso, Elon Musk lanzó una severa crítica contra el megaproyecto fiscal. “La versión más reciente del plan destruirá millones de empleos y causará un inmenso daño estratégico al país”, denunció en su cuenta de X (antes Twitter), donde tachó la iniciativa de “absolutamente loca y destructiva”.
Más allá del espectáculo político, que incluyó protestas en la galería del Senado y maratónicas jornadas de debate, lo cierto es que el contenido del plan podría tener un profundo impacto en millones de familias trabajadoras y sectores vulnerables.
La congresista cubanoamericana María Elvira Salazar lo definió como una defensa del “sueño americano”.
Lo que dice la Casa Blanca
Desde el Ejecutivo, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, defendió el proyecto como el mayor recorte de impuestos en la historia y una vía para sostener la “recuperación sin inflación”. Según el gobierno:
Una familia promedio de cuatro integrantes podría ver su salario neto aumentar entre 7,800 dólares y 13,300 dólares.
El trabajador promedio recibiría entre 6,100 dólares y 11,600 dólares más al año.
Se añadirán 500 dólares permanentes al Crédito Tributario por Hijos.
Se eliminarán impuestos sobre propinas, horas extras y jubilados.
Se promoverán fábricas y autos hechos en EE.UU., con incentivos fiscales para su compra o expansión.
Pero también lanzaron una advertencia: “Si el proyecto no se aprueba, sería catastrófico. Veríamos la mayor subida de impuestos en la historia y un aumento sustancial del desempleo”.
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