Los periodistas independientes Yunia Figueredo y Frank Correa fueron arrestados el miércoles en La Habana tras negarse a presentarse a una citación policial.
La detención ocurrió luego de que ambos comunicaran su negativa a acudir a la estación policial ubicada en la calle 110, entre 3ra. y 3ra. A, en el municipio Playa, donde debían acudir ese día a las 3:00 pm.
La información fue confirmada por el Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa (ICLEP), que recibió un mensaje de Figueredo momentos antes de su arresto: "Nos están deteniendo. Ya vienen para acá".
Desde entonces, se desconoce su paradero.
El martes, un agente de la Seguridad del Estado se presentó en el domicilio de la pareja para advertirles que no podían salir más que para asistir al interrogatorio al que les citaron.
Ambos reporteros respondieron que "su casa no era un calabozo" y se negaron a acatar la orden de reclusión domiciliaria impuesta arbitrariamente, como se escucha en un audio difundido por el ICLEP en su perfil de Facebook.
Según la organización, esta detención no es un hecho aislado, sino parte de un patrón sistemático de represión contra la prensa libre en Cuba.
"El encarcelamiento de Yunia y Frank forma parte de una política sostenida de sofocar la información independiente mediante detenciones exprés, citaciones intimidatorias, cortes de Internet y violencia física", denunció el ICLEP, que exigió garantías a su integridad física y psicológica.
Ambos periodistas han sido blanco de vigilancia, amenazas y presiones por su labor en medios independientes, un oficio criminalizado en la Isla.
Un clima de represión creciente
La detención de Figueredo y Correa no es un hecho aislado.
Se enmarca en una serie de actos represivos orquestados por el gobierno cubano para sofocar cualquier expresión de disenso en torno a dos fechas sensibles: el 4 de julio, Día de la Independencia de Estados Unidos, y el 11 de julio, aniversario de las protestas sociales de 2021 que sacudieron al país.
El portal independiente CubaNet recuerda que esta misma semana el periodista camagüeyano Henry Constantín, director de La Hora de Cuba, fue detenido sin orden judicial mientras acompañaba a la reportera y actriz Iris Mariño a una citación.
Fue trasladado esposado a la unidad de Villa María Luisa, sede de la Seguridad del Estado en Camagüey, y permanece allí bajo investigación por el presunto delito de desacato, tras denunciar en redes sociales a un agente represivo.
Su pareja logró visitarlo a distancia y confirmar que se encuentra bien de salud, aunque las autoridades se niegan a ofrecer detalles.
La visita personal se ha autorizado recién para el próximo lunes. Constantín, quien ya ha sido detenido en múltiples ocasiones, es una figura clave en la documentación de la represión en el centro del país.
Arrestos coordinados contra la disidencia
El 2 de julio también fue detenida Berta Soler, líder del movimiento opositor Damas de Blanco, apenas salió de su casa rumbo a una recepción organizada por la Embajada de Estados Unidos en La Habana.
Su esposo, el exprisionero político Ángel Moya, denunció que desde temprano la vivienda estaba rodeada por un fuerte operativo policial.
El régimen desplegó acciones similares en distintos puntos del país para impedir la asistencia de activistas a la celebración diplomática del 4 de julio organizada en la sede diplomática.
Entre los afectados se encuentran el rapero contestatario Osvaldo Navarro y la activista Marthadela Tamayo, interceptados en el municipio Cerro; el doctor Oscar Elías Biscet y su esposa Elsa Morejón, así como la periodista Camila Acosta y su pareja, el escritor Ángel Santiesteban, quienes quedaron bajo arresto domiciliario.
También se reportaron amenazas en provincias como Villa Clara, Cienfuegos y Pinar del Río, donde las fuerzas de la Seguridad del Estado bloquearon a opositores que intentaban viajar a la capital.
Silenciar a la sociedad civil
El objetivo de este operativo represivo parece claro: aislar a periodistas, activistas y disidentes del contacto con diplomáticos y medios internacionales, en un intento por controlar la narrativa sobre Cuba en fechas de alta visibilidad global.
Mientras tanto, el régimen cubano ha acusado al encargado de negocios de la embajada estadounidense, Mike Hammer, de injerencia y ha insinuado posibles represalias diplomáticas.
Lejos de demostrar fortaleza, estas detenciones arbitrarias reflejan el temor del aparato estatal a la libre expresión y a la conexión de su ciudadanía con el mundo exterior.
Cada arresto, cada operativo, es una señal del creciente aislamiento y deterioro institucional de un régimen que ya no puede ocultar ni disimular su represión.
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