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La desesperación por conseguir agua potable ha convertido las calles de Santiago de Cuba en escenarios de caos cotidiano: madres con niños en brazos, ancianos, y hombres con tanques al hombro corren detrás de una pipa como si se tratara de una ambulancia en plena emergencia.
En una ciudad donde abrir el grifo se ha vuelto un lujo, el acceso al agua ya no es un derecho básico, sino una carrera de supervivencia.
La denuncia fue realizada en Facebook este jueves por el periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada, quien describió la desgarradora escena como parte de la “agonizante realidad” que viven miles de santiagueros cada día.
“Corretear una pipa o morir de sed”, escribió Mayeta en su perfil, resumiendo así la gravedad de una crisis que el régimen intenta silenciar mientras el pueblo la sufre en carne propia.
Barrios como Sueño, Altamira, Micro 9, Agüero, San Pedrito y Mariana de la Torre reportan más de 20 días consecutivos sin recibir una sola gota de agua.
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La única “solución” visible son las pipas, que no avisan, no alcanzan y tampoco garantizan el acceso justo: no suben edificios, no priorizan vulnerables, y muchas veces se reparten según criterios políticos o favoritismos.
Los edificios altos se han transformado en cárceles del desespero: personas mayores, embarazadas o con movilidad reducida deben cargar cubos por escaleras oscuras y peligrosas, exponiéndose a accidentes por falta de infraestructura adecuada.
Las cisternas están secas, las bombas rotas y las autoridades ausentes, resumió el comunicador, una de las voces críticas del régimen y que habitualmente se hace eco de las desgracias del santiaguero.
A esto se suma el peligro sanitario pues sin alternativas viables, el agua que se logra almacenar muchas veces lo hace en cubos de pintura usados, tanques oxidados, botellas plásticas abiertas y otros recipientes inadecuados, lo que ha derivado en casos de enfermedades intestinales, brotes de dengue, leptospirosis y otras afecciones ya reportadas en centros médicos locales.
“Esto no es sequía ni casualidad, esto es crimen por negligencia”, acusó Mayeta, quien también denunció el contraste entre la miseria del pueblo y los privilegios de los dirigentes: “Santiago se seca, pero los jefes se bañan. El pueblo se enferma, pero ellos brindan.”
En medio del caos, una frase gritada por una mujer resume el sentir de muchos en la ciudad oriental: “Súbelo, Mayeta, que si el agua no corre, al menos que corra la verdad”.
Una verdad que el régimen oculta, pero que corre, como la gente detrás de una pipa. Porque hoy en Santiago de Cuba no se vive: se corre tras el agua, la dignidad y la verdad.
La provincia de Santiago de Cuba atraviesa una de las peores sequías de los últimos años, con afectaciones graves en el suministro de agua, especialmente en el municipio cabecera, donde amplios sectores acumulan más de dos meses sin recibir el líquido vital.
La situación fue expuesta por el periódico oficialista Sierra Maestra, que recogió declaraciones de Ludmila Rodríguez Barroso, directora general de Aguas Santiago, quien reconoció que “no hay agua y no hay pronóstico” de cuándo podrá estabilizarse el servicio.
Según explicó, el sistema Quintero —responsable del abastecimiento de más del 80 % de la ciudad— ha reducido considerablemente su capacidad por la caída del caudal en las fuentes principales, entre ellas Gota Blanca y Gilbert.
Desde el 7 de julio, la estación Gota Blanca dejó de funcionar completamente, y la Gilbert ha disminuido su entrega, provocando que solo una de las cinco conductoras del sistema Quintero esté operativa.
Esto ha limitado la entrada de agua a apenas 900 o 1,000 litros por segundo, muy por debajo de lo requerido para mantener un ciclo de distribución estable.
Sectores como Altamira, Van Van, Versalles, El Caney, Boniato y El Cristo se encuentran entre los más afectados.
Algunas zonas acumulan más de 60 días sin recibir servicio por tubería, dependiendo exclusivamente de carros cisterna.
Rodríguez Barroso señaló que incluso con estos refuerzos, no es posible garantizar el acceso regular a toda la población: “Estamos por encima de los 20 días y las zonas más críticas pasan de los 60 días”.
Sin embargo, le problema de la sequía y del abasto de agua, lejos de ser algo local, afecta a un millón de personas en todo el país.
El presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), Antonio Rodríguez Rodríguez, reconoció que ese problema tiene sus causas en la crisis energética, la falta de recursos materiales y una sequía persistente.
Preguntas frecuentes sobre la crisis del agua en Santiago de Cuba
¿Cuál es la situación actual del suministro de agua en Santiago de Cuba?
La crisis del agua en Santiago de Cuba es severa, con muchas zonas enfrentando más de dos meses sin suministro regular. Los problemas se deben a una fuerte sequía, fallas en el sistema de abastecimiento y una infraestructura deteriorada. Muchas comunidades dependen de camiones cisterna, que son insuficientes para cubrir la demanda.
¿Qué medidas han tomado las autoridades para enfrentar la crisis del agua?
Las autoridades han implementado medidas de emergencia como el uso de equipos de bombeo con energía solar y la reparación de sistemas deteriorados. Sin embargo, estas acciones no han logrado resolver efectivamente la crisis, y el acceso al agua sigue siendo limitado. Se han activado carros cisterna, pero no son suficientes para satisfacer la necesidad generalizada.
¿Cuáles son las consecuencias sanitarias de la falta de agua en Santiago de Cuba?
La falta de agua potable ha derivado en problemas graves de salud pública, incluyendo brotes de enfermedades intestinales, dengue y leptospirosis. El almacenamiento en recipientes inadecuados como cubos de pintura y tanques oxidados aumenta el riesgo de contaminación y propagación de enfermedades.
¿Cómo está afectando la crisis del agua a la vida diaria de los santiagueros?
La escasez de agua ha transformado la vida cotidiana en una lucha constante por el acceso a este recurso esencial. Los habitantes deben correr detrás de camiones cisterna para conseguir agua, y aquellos en edificios altos enfrentan dificultades extremas para transportar el líquido. La situación también ha afectado la higiene personal y la salud pública.
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