Crisis eléctrica en Cuba provoca el 70% de los problemas en el abasto de agua, afirma funcionario estatal

La obsoleta infraestructura y la falta de inversiones agravan la situación, dejando a millones sin un servicio básico fiable.



Junior González Núñez, vicepresidente primero de la Organización Superior de Dirección Empresarial (OSDE) Agua y Saneamiento Foto © Captura de Video/Youtube/Canal Caribe

Este artículo es de hace 1 año

Junior González Núñez, vicepresidente primero de la Organización Superior de Dirección Empresarial (OSDE) Agua y Saneamiento, explicó en la televisión oficial que los apagones y las caídas de voltaje tienen un impacto “directamente proporcional” en el servicio hidráulico, al punto de paralizar el bombeo del líquido en gran parte del país.

“Hoy registramos aproximadamente el 70% de las afectaciones que tenemos del servicio están vinculadas a problemas en el servicio electroenergético nacional, ya sea por el déficit de generación o por afectaciones propiamente en el servicio donde hay disparo, bajo voltaje y otro de los problemas que todos conocemos que hoy estamos viviendo el pueblo cubano”, reconoció.

Según el funcionario, aunque el agua es un recurso natural, en Cuba requiere un complejo proceso industrial para alcanzar los estándares de potabilidad, y todo ese proceso depende de la electricidad.

La mayoría de los pozos están ubicados lejos de las zonas urbanas, lo que obliga a bombear el agua hasta siete veces antes de que llegue a los hogares. Pero sin energía, todo el sistema se detiene.

“Una vez repuesto el servicio eléctrico, el agua demora entre seis y ocho horas en llegar a las ciudades”, explicó González, lo que evidencia la fragilidad de la infraestructura y el sufrimiento que enfrenta la población, especialmente en barrios vulnerables donde la espera puede extenderse por días.

A los cortes de luz se suman otros factores estructurales que agravan el problema del agua: la prolongada sequía que azota a la isla, la antigüedad del equipamiento de bombeo, la falta de piezas de repuesto y la obsolescencia tecnológica de la red hidráulica nacional.

El propio funcionario detalló que la infraestructura depende de un parque tecnológico “caro, complejo y con un alcance prácticamente total”, que hoy sufre constantes roturas.

“El país dedica fuertes recursos financieros para la sustitución y la garantía de que estos equipos tengan menos afectaciones”, dijo, sin mencionar cifras concretas ni explicar por qué no se ha logrado revertir una crisis que lleva años afectando a la población.

Como solución parcial, el gobierno cubano ha comenzado a instalar sistemas de bombeo alimentados por paneles solares. Según González, ya se han importado 866 sistemas fotovoltaicos que benefician a zonas rurales en diez provincias.

Sin embargo, este esfuerzo, aunque positivo, sigue siendo marginal frente al alcance del problema y refleja la falta de previsión del régimen para diversificar su matriz energética en décadas pasadas.

Una población sedienta, una respuesta tardía

El 80% de los cubanos depende de las 24 empresas estatales de acueducto y alcantarillado. El otro 20% debe arreglárselas por su cuenta con pozos o infraestructuras alternativas, muchas veces sin garantías sanitarias. En ese contexto, la promesa de trasvases y modernización parece tan lejana como la propia agua cuando no hay luz.

La entrevista, lejos de tranquilizar, ha confirmado lo que millones de cubanos padecen a diario: la incapacidad del Estado para garantizar servicios básicos. Años de desinversión, decisiones políticas erráticas y una dependencia extrema del sistema centralizado han colocado al país en un punto crítico donde ni siquiera abrir el grifo ofrece certezas.

Aunque el funcionario repitió el argumento del embargo como causante del déficit energético, lo cierto es que la crisis del agua y de la luz en Cuba es resultado de una estructura estatal ineficiente, corrupta y tecnológicamente atrasada, que por décadas ha priorizado la propaganda sobre las soluciones reales.

Mientras tanto, millones de cubanos en la isla esperan, sin luz, sin agua y sin respuestas, que algo cambie.

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