Fuertes tormentas eléctricas e intensas lluvias dejaron sin pozos a Matanzas, en otro episodio que parece confabular a la naturaleza con la ineficiencia del régimen.
La información fue publicada por el periódico Girón en su perfil de Facebook, citando a Guillermo Cue, director de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de la provincia, quien detalló que las Zonas Media, Baja y Alta de la ciudad, así como Naranjal Norte, Versalles y la Zona Este, quedaron sin servicio.

Aunque sobre la medianoche se logró restablecer parcialmente el suministro hacia el Complejo de Salud, la Zona Industrial y el Hospital Pediátrico, otras áreas siguen esperando por el servicio.
La situación se agrava por múltiples averías: en Carbonera, una bomba presentó daños en el cojinete axial; en Guanábana, se quemó el equipo que abastece a la comunidad; y en el sistema El Conde, el equipo 1 sufrió una rotura apenas nueve horas después de su reincorporación, afectando el suministro en Pueblo Nuevo y Playa.
“La avería, que ocurrió nueve horas después de su restablecimiento, afecta considerablemente la distribución de agua a varias zonas de los Consejos Populares de Pueblo Nuevo y Playa.
Las autoridades trabajan en el bombeo de Cantel y Camarioca, y prevén incorporar la bomba de Autoconsumo en Jovellanos, mientras se trazan estrategias para resolver la crisis en las zonas más golpeadas.
Hace pocas semanas, el propio régimen reconoció que más de un millón de cubanos viven con un abasto de agua precario, con redes deterioradas, pérdidas en la distribución y sistemas que no garantizan la demanda básica. Las autoridades admitieron que gran parte de la infraestructura hidráulica del país está al borde del colapso.
A esta crisis estructural se suma que, recientemente, la sequía extrema ha golpeado con fuerza varias provincias, provocando que en algunos lugares el suministro de agua dependa de camiones cisterna. Las presas y pozos muestran niveles mínimos históricos, lo que ha llevado a prolongados ciclos de racionamiento.
En Guantánamo, la situación se ha vuelto crítica tras quedar casi seco su principal embalse. La escasez afecta a barrios completos y ha obligado a suspender o reducir drásticamente servicios esenciales, dejando en evidencia la vulnerabilidad de las provincias más orientales frente a la combinación de fenómenos naturales y negligencia estatal.
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