
La indignación y el cansancio se apoderan del pequeño poblado de Jíquima de Peláez, en el municipio Cabaiguán, Sancti Spíritus, donde vecinos llevan más de siete días consecutivos sin electricidad, sin agua y prácticamente incomunicados, luego de que un rayo destruyera el transformador de la subestación local.
“Mi pueblo está desesperado y muy agobiado”, contó a CiberCuba un residente, bajo condición de anonimato, que pidió hacer pública la situación para que “quienes tienen que actuar hagan algo al respecto cuanto antes”.
En el pueblo, como en toda Cuba, hay niños, ancianos y enfermos de cáncer, muchos encamados y familias en extrema pobreza, que no están preparados para enfrentar un apagón de esta magnitud. Sin refrigeración, la comida se ha echado a perder, los hogares permanecen a oscuras y la falta de bombeo de agua agrava todavía más la vida cotidiana.
La frustración se refleja en los mensajes que enviaron a nuestra redacción. “Si no ponen la corriente se va a formar una bulla... un grito estremecerá, con ello Cuba hablará”, escribió un vecino en un poema dedicado a la memoria de un familiar fallecido, convertido en reclamo colectivo contra la indiferencia.
“Nos sentimos abandonados. Aquí no pasa ningún dirigente ni por un minuto para ver nuestras necesidades y privaciones”, denunció ese mismo residente.
Promesas incumplidas y olvido institucional
Aunque un funcionario local anunció hace días que un transformador enviado desde La Habana resolvería la avería que afecta a casi tres mil personas, el servicio no ha sido restablecido. Vecinos aseguran que los equipos instalados no funcionaron y que la Empresa Eléctrica no ofrece plazos concretos ni soluciones inmediatas.
La impotencia se multiplica porque no es la primera vez que ocurre. En mayo, la propia Empresa Eléctrica de Sancti Spíritus reportó un episodio similar en la misma subestación de Jíquima de Peláez, lo que confirma que no se trata de un hecho fortuito, sino de un problema recurrente y mal atendido.
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