Informe revela una caída histórica en las relaciones íntimas en EE.UU: ¿Cuáles son las causas?

Este fenómeno no discrimina por estado civil.

Una pareja durmiendo en una cama (Imagen de referencia) © CiberCuba / Sora
Una pareja durmiendo en una cama (Imagen de referencia) Foto © CiberCuba / Sora

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Estados Unidos atraviesa una profunda recesión, pero no se trata de la economía, al menos no directamente.

Según un reciente informe del Instituto de Estudios de la Familia (IFS), el país está experimentando una “recesión sexual” sin precedentes, marcada por el declive sostenido y generalizado de las relaciones sexuales entre adultos, tanto jóvenes como casados.

Las cifras revelan una transformación radical en los vínculos humanos, alimentada por la soledad, la digitalización y una profunda reconfiguración cultural y social que comenzó hace más de una década.

Un descenso persistente y generalizado

En 1990, el 55 % de los estadounidenses entre 18 y 64 años afirmaba tener relaciones sexuales semanalmente. Para 2024, esa cifra ha caído hasta solo el 37 %, el nivel más bajo desde que comenzaron a recopilarse estos datos.

El IFS advierte que no se trata de un fenómeno puntual, sino de una tendencia sostenida en el tiempo.

“Con el cambio de milenio, esa cifra comenzó a disminuir: para 2010, menos de la mitad declaró tener relaciones sexuales semanalmente”, afirman.


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Este fenómeno no discrimina por estado civil.

Si bien los adultos casados aún reportan una mayor frecuencia sexual que los solteros -el 46 % frente al 34 %, según el estudio- la recesión sexual también ha alcanzado a las parejas casadas.

Entre 1996 y 2008, el 59 % de los matrimonios informaba tener sexo una vez por semana o más; hoy, esa proporción ha descendido al 49 %.

Las generaciones jóvenes, las más afectadas

La caída es especialmente pronunciada entre los adultos jóvenes de 18 a 29 años.

Según el informe, “la proporción de adultos jóvenes que reportaron vivir con una pareja, tanto casada como soltera, disminuyó 10 puntos porcentuales entre 2014 y 2024”, pasando del 42 % al 32 %.

Este dato es clave, pues los investigadores advierten que la falta de pareja estable es uno de los principales factores detrás del desplome en la actividad sexual.

Un aspecto aún más alarmante es el crecimiento de la asexualidad, definida como no haber tenido relaciones sexuales en el último año. Hasta 2010, esta tasa se mantenía estable en torno al 15 % entre los jóvenes.

Pero a partir de ese año, la curva cambió bruscamente: en 2024, el 24 % de los adultos jóvenes reportaron no haber tenido sexo en 12 meses, el doble que en 2010.

La “Gran Reconfiguración”: Un punto de inflexión digital

El informe vincula el punto de inflexión a la llamada “Gran Recableación”, concepto acuñado por Jonathon Haidt en The Anxious Generation.

Este término describe el impacto de la revolución digital iniciada entre 2010 y 2015, cuando el uso masivo de smartphones y redes sociales alteró profundamente la forma en que los adolescentes se relacionan con el mundo.

“La infancia se volvió cada vez más digital. En consecuencia, los niños no estuvieron expuestos a tanta socialización como las generaciones anteriores”, advierte el IFS.

Esa pérdida de interacción cara a cara ha derivado en una generación con mayores tasas de ansiedad, depresión, autolesiones y suicidio, y -no menos importante- una menor capacidad para entablar relaciones íntimas.

Entre 2010 y 2019, el tiempo promedio que los jóvenes adultos pasaban con amigos cayó casi un 50 %, de 12,8 a solo 6,5 horas semanales.

La pandemia profundizó la tendencia, reduciendo esa cifra a 4,2 horas.

Aunque en 2024 ha subido ligeramente, los jóvenes aún dedican solo 5,1 horas semanales a la vida social presencial, según el estudio.

Teléfonos, pornografía y videojuegos: los nuevos obstáculos del deseo

El informe es claro al señalar que los llamados “opiáceos electrónicos” han sustituido el contacto humano real.

“El mayor tiempo dedicado a los teléfonos inteligentes, las redes sociales, la pornografía y los videojuegos significó que los jóvenes adultos tuvieron menos oportunidades de desarrollar las habilidades sociales necesarias para formar relaciones”.

Este estilo de vida hiperconectado ha desplazado actividades tradicionalmente asociadas al desarrollo de vínculos afectivos y sexuales, como las fiestas, las citas o incluso el consumo de alcohol.

Según el IFS, la disminución en la formación de relaciones románticas y el menor consumo de alcohol explican gran parte de la recesión sexual, junto a la caída de ingresos y la dedicación creciente a los videojuegos, especialmente entre los hombres, lo que “reduce su atractivo en el mercado de apareamiento”.

El matrimonio ya no protege del declive

Aunque los adultos casados siguen teniendo más relaciones sexuales que los solteros, el matrimonio ya no es garantía de vida íntima activa.

El informe de 2023 del IFS reveló que el uso excesivo de pantallas dentro del hogar también afecta la vida sexual conyugal.

“Los adultos casados informaron una menor frecuencia sexual cuando su cónyuge sustituía el tiempo en pareja por el uso del teléfono o la computadora”.

Un hábito en ascenso es la procrastinación digital antes de dormir, donde las personas destinan las últimas horas del día al consumo de contenidos en línea, lo que retrasa la hora de acostarse y debilita la intimidad.

“No es sorprendente que un mayor uso de redes sociales, Netflix o videojuegos por parte de los cónyuges se traduzca en una menor intimidad”, señala el informe.

¿Por qué debería preocuparnos esta recesión?

La recesión sexual no es un fenómeno anecdótico ni una simple curiosidad sociológica.

“El sexo regular se relaciona con una mejor salud, matrimonios de mayor calidad y mayor felicidad”, subraya el IFS.

Y añade: “Somos, como señaló Aristóteles, animales sociales, criaturas reales y encarnadas que prosperan gracias a las interacciones con otros en el mundo real”.

A medida que crece la tendencia a trasladar la vida -incluso la sexual- al entorno virtual, el riesgo es que las personas pierdan las conexiones fundamentales que sostienen su bienestar físico, emocional y relacional. Por eso, concluye el instituto, “Estados Unidos debería estar tan preocupado por la recesión sexual como por cualquier otra crisis nacional”.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un periodista antes de su publicación.




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