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El empresario cubanoamericano Tony Haber (Santiago de Cuba, 1973) ha rescatado para el exilio marcas emblemáticas de la Isla y las está produciendo en Estados Unidos. El último lanzamiento es el de la famosa Guayabita del Pinar, que está a la venta, desde esta semana, en una edición "muy limitada". Se puede adquirir en la cadena Total Wine de Florida, Georgia, Tennessee y Carolina del Sur.
Aprovechando que el régimen cubano no ha renovado algunas licencias de rones en Estados Unidos, el empresario Tony Haber asegura que ha registrado, además de Guayabita del Pinar, las marcas Santero, Arecha y Varadero. También otras menos conocidas como Flor de Habana y Nucay.
La Guayabita del Pinar, que ha salido al mercado esta semana, lleva detrás siete años de esfuerzo no sólo para hacerse con la licencia, sino para conseguir reproducir fuera de Cuba el famoso fruto que da nombre al ron y que al provenir de una planta silvestre se hizo de rogar.
Lo primero fue sacar una semilla de guayabita de Cuba. Después vino lo más difícil, hacerla germinar. Hicieron pruebas en Estados Unidos, pero el calor quemaba un fruto acostumbrado a las temperaturas suaves de Pinar del Río.
Finalmente, junto a su socio Andrés González Mancilla, descendiente de los creadores del Zacapa guatemalteco, Tony Haber ha conseguido que la planta arraigue fuera de Estados Unidos.
Ha costado tres años que las guayabitas sacadas de Cuba dieran fruto en Sudamérica y Centroamérica. Con la fórmula en las manos, ya no había obstáculos para recuperar la Guayabita del Pinar que, según ha publicado esta semana On Cuba, es una bebida creada por Genaro Rivera, un emigrante asturiano asentado en Pinar del Río en el siglo XIX.
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Lo que empezó siendo una bebida casera, nacida de la improvisación, se convirtió en marca comercial en 1892 de la mano del empresario vasco Lucio Garay Zabala, fundador de Casa Garay y Compañía.
De la mano de la familia Garay, la Guayabita del Pinar obtuvo premios internacionales como el Gran Premio en La Habana (1911), tercer lugar en Roma (1924) y una medalla de oro en Plovdiv (1988).
Sin embargo, pese a este último galardón, La Guayabita del Pinar empezó a vivir su declive tras las nacionalizaciones de 1961, cuando la marca pasó a ser del régimen cubano. Aunque, efectivamente, vivió algún momento memorable en los 80, finalmente se fue marchitando hasta la actualidad. Prueba de ello es que el régimen ni siquiera se preocupó por conservar la licencia en Estados Unidos, como defiende Tony Haber.
El empresario resume muy bien lo que ha pasado y sus intenciones: "La Guayabita del Pinar fue destruida en Cuba y ahora la vamos a revivir en Estados Unidos. Ha costado siete años, pero ya está a la venta".
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