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Mientras los cubanos enfrentan uno de los veranos más duros en décadas, marcado por apagones, falta de alimentos, colapso del transporte e inflación galopante, el Gobierno y la empresa Cervecería Bucanero S.A. apuestan por el entretenimiento con las llamadas Fiestas Cristal.
El evento, organizado junto a MB Producciones y dirigidos artísticamente por Edith Massola, se celebrará este mes en Holguín (el día 12) y en La Habana (el 19), con la participación de Maykel Blanco y su Salsa Mayor, Elito Revé, Juan Guillermo (JG) y Wildey.
¿Prioridades invertidas?
Según anunció el periódico oficialista Ahora, en Holguín la fiesta contará con 16 carpas promocionales de cerveza Cristal, puestos gastronómicos y una infraestructura diseñada para mantener la "alegría" desde las 8:00 pm hasta las 2:00 am.
Los conciertos se realizarán en los predios del estadio Mayor General Calixto García y la entrada será gratuita.
Todo esto, mientras los vecinos del reparto holguinero El Llano reportan días completos sin electricidad, y en La Habana, municipios como Centro Habana y San Miguel del Padrón viven con cortes diarios que superan las 10 o 12 horas.
Sin embargo, la Cervecería Bucanero afirma que estas fiestas son "un regalo a la familia cubana" y justifica las actividades como una "retribución" al público.
Lo cierto es que el gasto en logística, producción, escenarios, seguridad, transporte y promoción contrasta drásticamente con la situación que vive la mayoría del país.
El mismo guion, otro año más
Desde 2023 se celebran en Cuba las llamadas "Fiestas Cristal", con espectáculos en Santiago de Cuba, Holguín y La Habana.
La intención, según los voceros de la Cervecería Bucanero S.A, es "llevar la buena música cubana a cada habitante del archipiélago".
Pero ese argumento suena cada vez más vacío frente a la falta de medicamentos, el deterioro del sistema eléctrico y la angustia diaria de millones que no pueden refrigerar alimentos o dormir por el calor.
Campaña de verano: propaganda ante la precariedad
Estas fiestas llegan en el contexto de la campaña oficial de verano lanzada por el régimen bajo el lema "Siempre Joven", con la intención declarada de ofrecer actividades "modestas pero estéticas" en los barrios.
Pero incluso esa narrativa choca con la puesta en escena costosa de conciertos masivos, con artistas de alto perfil y despliegues técnicos que requieren electricidad, transporte y recursos humanos que claramente no están disponibles para otras necesidades más urgentes.
Mientras el gobierno llama a "utilizar el tiempo libre de forma productiva" y a "aprovechar recursos modestos con creatividad", dedica fondos estatales y logística institucional a fiestas de madrugada, en medio de una emergencia energética nacional.
Una celebración que pocos pueden aplaudir
Aunque los conciertos son gratuitos, no todos podrán asistir: el transporte urbano está colapsado, la gasolina escasea y miles viven sin saber si podrán cocinar al día siguiente.
En ese contexto, muchos se preguntan si estas celebraciones no son más que una cortina de humo, o un intento desesperado de maquillar con música y luces la gravedad de la crisis.
Los cubanos de a pie no entienden cómo se destinan recursos tan significativos a espectáculos mientras faltan productos básicos en la red de comercio, los hospitales sufren carencias severas y niños y ancianos padecen las consecuencias del colapso energético y económico.
El gobierno, en lugar de destinar sus limitados recursos a aliviar el sufrimiento de la población, elige apostar por el espectáculo. Y lo hace con entusiasmo, aunque la mayoría de los cubanos aplauda cada vez menos.
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