Bruno Rodríguez acusa al socialista Boric de “oportunismo político” tras criticar al régimen cubano



El canciller cubano acusó al presidente chileno de oportunismo político tras criticar al régimen de La Habana. Boric, firme en su postura, denunció la falta de democracia y libertades en Cuba, destacando la crisis humanitaria.

Gabriel Boric y Bruno Rodríguez Parrilla © X / @GabrielBoric - @BrunoRguezP
Gabriel Boric y Bruno Rodríguez Parrilla Foto © X / @GabrielBoric - @BrunoRguezP

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El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, acusó este fin de semana al presidente socialista chileno Gabriel Boric de “oportunismo político”, luego de que el mandatario calificara a Cuba como una dictadura y responsabilizara directamente al régimen por la profunda crisis que atraviesa la isla. 

En un mensaje publicado en la red social X (antes Twitter), Rodríguez Parrilla evitó mencionar nombres, pero sus palabras no dejaron lugar a dudas: “Mientras América Latina y el Caribe está siendo agredida y amenazada por Estados Unidos, algún gobernante de la región prefiere criticar a Cuba. En su caso, atacar a nuestro país no es un acto de coherencia ni de valentía, sino de oportunismo político”.

Temeroso de las consecuencias de sus críticas -y de manera taimada-, el canciller cubano añadió que ese dirigente “dilapidó su tiempo” y que “sus errores e inconsecuencias entregaron su país a la extrema derecha neofascista”, en aparente referencia a la reciente victoria de un bloque conservador en Chile tras el fin del mandato de Boric. 

Las declaraciones se producen pocos días después de que Boric, en una entrevista con el diario español El País, reafirmara su postura crítica hacia el régimen de La Habana.  

En Cuba no existe democracia; es un régimen de partido único sin libertad de expresión”, señaló el mandatario chileno, quien además subrayó que “la responsabilidad principal recae en quienes gobiernan Cuba, más allá de los efectos del embargo estadounidense”. 

Boric también describió la situación de la isla como una crisis “profunda y dolorosa” marcada por la escasez, la migración y la falta de libertades básicas. 


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Boric y su historial de críticas al régimen cubano 

Las palabras de Boric no fueron un episodio aislado. Desde antes de llegar al poder, el dirigente chileno ha mantenido una posición firme frente a los gobiernos autoritarios de izquierda.  

Tras las protestas del 11 de julio de 2021 en Cuba, expresó en redes sociales: “Mi solidaridad con quienes exigen libertad y democracia en Cuba”. 

Durante su campaña presidencial, reafirmó su distancia de la izquierda ortodoxa afirmando que “no tengo problemas en decir que Cuba y Nicaragua son dictaduras”, y, ya como presidente, declaró que su gobierno condenaría toda violación de derechos humanos “sin importar el color político del régimen responsable”. 

Su postura le valió críticas de sectores más radicales del progresismo chileno, particularmente del Partido Comunista, pero fue celebrada por amplios sectores democráticos de América Latina, que destacaron su coherencia ideológica y su defensa de los derechos humanos sin doble estándar. 

Una tradición crítica dentro del socialismo chileno 

La respuesta agresiva de La Habana contrasta con la evolución de la izquierda chilena desde el retorno de la democracia.  

Presidentes socialistas como Ricardo Lagos y Michelle Bachelet también mantuvieron distancias prudentes con el régimen cubano, priorizando los derechos humanos sobre la solidaridad ideológica. 

Durante su mandato, Lagos evitó alinearse con La Habana en foros internacionales, mientras que Bachelet, ya como alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, recibió críticas del régimen por incluir a Cuba en sus informes sobre libertades fundamentales. 

El propio Boric representa una nueva generación de la izquierda latinoamericana que busca diferenciarse del autoritarismo histórico del castrismo y del chavismo, apostando por una socialdemocracia moderna, plural y comprometida con la transparencia y las libertades civiles. 

Propaganda agotada 

El mensaje del canciller cubano, cargado de consignas y acusaciones habituales contra “el imperialismo”, refleja la dificultad del régimen para aceptar críticas incluso de sus antiguos aliados.  

La estrategia de descalificar a todo disidente o crítico externo ya no surte el mismo efecto en una región cada vez más consciente de las violaciones de derechos humanos en la isla. 

Mientras la propaganda oficial intenta presentar cualquier crítica como una traición, la postura de Boric —aunque incómoda para la vieja izquierda latinoamericana— evidencia que una parte del progresismo regional ha decidido romper el silencio ante la impronta totalitaria del régimen cubano. 

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