Los cubanos en apagón perpetuo y el régimen pagando a extranjeros para alabar el socialismo

Extranjeros en el ICAP © X/Abel Prieto
Extranjeros en el ICAP Foto © X/Abel Prieto

Mientras millones de cubanos llevan semanas —y en algunos casos más de tres meses— sin electricidad, el régimen inauguró este jueves en La Habana la Cuarta Asamblea Continental de ALBA Movimientos, un encuentro de 188 delegados de 27 países convocados para proclamar al socialismo como «alternativa para los pueblos» y construir un «frente antiimperialista regional».

El acto inaugural, celebrado en la Universidad de La Habana, contó con la presencia de Miguel Díaz-Canel, el primer ministro Manuel Marrero Cruz, el secretario de Organización del Comité Central Roberto Morales Ojeda y el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, según informó el canal estatal Canal Caribe.

El evento, que se extiende hasta el 8 de agosto bajo el lema «Por el socialismo, cien años caminando con Fidel», rinde homenaje al centenario del nacimiento de Fidel Castro y agrupa a unas 400 organizaciones de 25 países afines al proyecto político de ALBA Movimientos.

El contraste con la realidad que viven los cubanos de a pie es demoledor.

Ese mismo día, el déficit pronosticado para el horario pico alcanzaba los 2.305 MW, según datos del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Un día antes, la generación disponible era de apenas 926 MW frente a una demanda de 3.210 MW, con un déficit de más de 2.100 MW.

El SEN sufrió su séptimo colapso total del año el 4 de agosto, apenas 24 horas después del sexto, ocurrido el 3 de agosto a las 22:43 horas. Ese colapso dejó sin corriente a unos nueve millones de habitantes, y en La Habana solo se había recuperado alrededor del 14% del servicio, según reportó El País.

En provincias como Holguín, algunos circuitos acumulaban entre 66 y 74 horas consecutivas sin servicio eléctrico en los primeros días de agosto.

El propio ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, admitió ante la Asamblea Nacional el 30 de julio que «hay comunidades con hasta 105 días consecutivos sin electricidad» y que la crisis «no tiene una solución a corto plazo».

En la asamblea, los oradores atribuyeron la catástrofe energética al embargo estadounidense, describiendo las órdenes ejecutivas de enero y mayo como parte de un «genocida cerco energético».

Uno de los panelistas afirmó: «Estados Unidos no puede permitir que a poco más de 300 kilómetros de Miami haya un pueblo que se atreva a pensar su propio destino».

Sin embargo, el propio ministro De la O Levy reconoció en mayo que la donación de petróleo ruso recibida a fines de marzo ya se había agotado, y que los apagones superaban las 20 horas diarias en algunos momentos en La Habana, evidenciando un colapso estructural que ninguna retórica antiimperialista puede disimular.

El régimen insiste en responsabilizar a Washington por una crisis que sus propios funcionarios describen como irresoluble a corto plazo, mientras destina recursos y atención política a recibir a cientos de delegados extranjeros en nombre de una revolución que, para la mayoría de los cubanos, se traduce en oscuridad y desesperanza.

Un cubano consultado esta semana resumió la situación con amargura: «Arréglate con otro, que yo no le puedo hacer».

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