Castigar al pueblo no es derrocar una dictadura



CiberCuba te lo explica aquí

Cubanos (imagen creada con IA) © CiberCuba/Gemini
Cubanos (imagen creada con IA) Foto © CiberCuba/Gemini

Vídeos relacionados:

Ver más

Quienes me conocen y siguen, saben que soy crítico con el régimen cubano. No tengo dudas sobre su carácter autoritario, su corrupción estructural, su represión constante y su incapacidad para garantizar una vida digna. Pero precisamente por eso me niego a aceptar, sin cuestionarlo, este nuevo discurso que propone cortar vuelos, remesas y hasta el flujo de contenido desde Estados Unidos hacia Cuba como si eso fuera una estrategia seria de liberación.

Porque hay que decirlo sin rodeos: esas medidas no golpean al poder, golpean al pueblo.

Las remesas no sostienen al régimen: sostienen a las familias. A madres que alimentan hijos, a abuelos que compran medicinas, a jóvenes que sobreviven con lo mínimo. Los vuelos no son turismo ideológico: son reencuentros, despedidas, emergencias, funerales, abrazos que llevan años esperando. Los videos, la información, la cultura que entra desde fuera no son propaganda: son oxígeno mental para una sociedad que vive bajo censura.

Se nos quiere vender la idea de que, si se asfixia lo suficiente a la población, vendrá una “explosión interna” que derribe la dictadura. Pero entonces la pregunta es inevitable: ¿dónde estaba ese apoyo real el 11 de julio de 2021? Cuando el pueblo salió a la calle sin armas, sin líderes, sin protección, gritando libertad, fue reprimido, encarcelado y abandonado. No hubo intervención, no hubo respaldo estructural, no hubo red de protección internacional. El pueblo quedó solo.

Y ahora, desde la comodidad del exilio, algunos proponen más castigo como si el sufrimiento fuera una estrategia política. Como si el hambre organizara revoluciones. Como si la desesperación produjera democracia. La historia demuestra lo contrario: los regímenes autoritarios saben sobrevivir a la miseria; quienes no sobreviven son los ciudadanos.

Cortar vuelos, remesas y comunicación no debilita al sistema: debilita a la sociedad civil. Aísla, fragmenta, empuja a la gente al mercado negro, a la ilegalidad, al silencio. Le quita herramientas al ciudadano común, no al aparato represivo.

La libertad no se construye desde el aislamiento ni desde el castigo colectivo. Se construye con información, con vínculos humanos, con apoyo real a quienes están dentro, con presión política inteligente, no con decisiones que aumentan el dolor de los mismos que ya están atrapados.

Ser crítico con la dictadura no puede significar perder la brújula moral. Porque si para “derrocar” un régimen primero hay que destruir a su pueblo, entonces el problema no es solo político: es profundamente ético.

Y eso también hay que decirlo. Sin miedo. Sin consignas. Sin hipocresía.

COMENTAR

Archivado en:

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Lázaro Leyva

Médico cubano, especialista en Medicina Interna. Reside en España y escribe con mirada crítica sobre la crisis sanitaria y social de Cuba.






¿Tienes algo que reportar?
Escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

+1 786 3965 689


Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.




Siguiente artículo:

No hay más noticias que mostrar, visitar Portada