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Un avión espía RC-135V/W Rivet Joint, una de las aeronaves de inteligencia más sofisticadas de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, realizó este miércoles 4 de febrero un vuelo de reconocimiento a lo largo de la costa norte de Cuba, desde el oriente hasta el occidente de la isla.
El recorrido, visible a través de la plataforma de rastreo FlightRadar24, comenzó cerca de las 6:33 p.m. (hora local) y transcurrió sobre aguas internacionales, en paralelo al litoral cubano, hasta que la aeronave viró hacia el norte a la altura de Pinar del Río, rumbo a su base en Florida.
La misión no solo fue visible por medios civiles de seguimiento aéreo, sino también por satélites, lo que se interpreta como una señal clara y deliberada dirigida al Gobierno cubano.
El mismo día, además del Rivet Joint, dos aeronaves P-8 Poseidon -especializadas en vigilancia marítima, guerra antisubmarina y recolección de inteligencia- sobrevolaron zonas al oeste y este de Cuba, reforzando la impresión de una operación coordinada.
“Vuelo ISR/ELINT al norte de Cuba y el Caribe: recolección de señales, análisis de comunicaciones y vigilancia estratégica a gran altitud”, detalló el perfil de X Falcon Eyes, especializado en monitoreo de tráfico militar aéreo.
“Hay negociaciones, pero te respiramos en la nuca. La narco-tiranía no es invisible; cada emisión, cada ruta y cada llamada de celular quedan registrados. De los radares rusos y chinos, hablamos luego”, añadió.
Según este observador, el vuelo del Rivet Joint se integró a la llamada Operación Southern Spear, una campaña de presión estratégica contra redes vinculadas al narcotráfico y al aparato de seguridad del régimen cubano.
A estas acciones se sumó el sobrevuelo del dron espía MQ-4C Triton (Global Hawk) identificado como BLKCAT5, que fue rastreado este mismo 6 de febrero al norte del archipiélago cubano.
Tecnología de espionaje de última generación
El RC-135 Rivet Joint -identificado en esta ocasión con el número de cola 64-14841- es un avión modificado sobre la base de un Boeing, equipado con sistemas de recolección de inteligencia de señales (SIGINT) de última generación.
Puede interceptar, analizar y geolocalizar emisiones electromagnéticas en tiempo real, desde comunicaciones personales como llamadas y correos electrónicos hasta señales electrónicas asociadas a sistemas militares como radares, redes de defensa antiaérea y otros dispositivos estratégicos.
Los vuelos de los Rivet Joint tienen como uno de sus principales objetivos definir el “orden de batalla” del enemigo: mapear sus activos militares más relevantes, conocer sus capacidades de respuesta, y establecer su disposición táctica.
La información captada permite a los servicios de inteligencia estadounidenses preparar escenarios operativos, tanto preventivos como reactivos.
Además del análisis de radar y otras señales, los RC-135 cuentan con equipos que les permiten intervenir comunicaciones -potencialmente incluyendo llamadas de celular y transmisiones encriptadas- que resultan útiles para la planificación estratégica o para debilitar anticipadamente los sistemas de respuesta del adversario.
Capacidades operativas y despliegue global
Con una capacidad de transporte de más de 30 personas, incluyendo operadores de inteligencia, oficiales de guerra electrónica, pilotos y técnicos de mantenimiento, los Rivet Joint forman parte del núcleo de operaciones de espionaje aéreo de EE.UU. desde la Guerra de Vietnam hasta los conflictos recientes en Medio Oriente, Afganistán, Venezuela o el mar del Sur de China.
Su autonomía estimada es de 5,500 kilómetros, aunque cuentan con la capacidad de ser reabastecidos en pleno vuelo, lo que les permite operar durante jornadas extendidas.
La mayoría de sus sistemas internos son clasificados, pero se sabe que incluyen complejas redes de antenas, sensores y estaciones de procesamiento capaces de escanear y archivar grandes volúmenes de datos digitales y electromagnéticos.
Un patrón de presión estratégica creciente
No es la primera vez que este tipo de vuelos ocurre cerca del espacio aéreo cubano. El 30 de enero, otro RC-135V fue rastreado al despegar desde la base aérea de Homestead, en el sur de Florida. En aquella ocasión, el avión apagó su transpondedor en parte del trayecto, imposibilitando su seguimiento por plataformas de uso civil.
La diferencia clave con el vuelo del 4 de febrero es que este fue deliberadamente visible, lo que refuerza su carácter disuasorio o intimidatorio.
Estas aeronaves no tripuladas, operadas por la Armada estadounidense, tienen una capacidad de vigilancia constante durante más de 24 horas a altitudes superiores a los 15,000 metros.
Un entorno geopolítico sensible
La intensidad de estos vuelos de inteligencia parece guardar relación con las tensiones crecientes en el entorno regional y con la política más asertiva de la administración estadounidense frente a los regímenes aliados de Rusia y China en el continente.
Durante la segunda mitad de 2025, por ejemplo, los Rivet Joint estuvieron activos de forma sostenida en las cercanías de Venezuela, en momentos en que EE.UU. ultimaba acciones para presionar la salida de Nicolás Maduro.
El caso cubano no es ajeno a esa lógica.
Las declaraciones recientes de funcionarios del Pentágono sobre la presencia militar rusa en Cuba, la posible reactivación de acuerdos militares con Pekín, y las denuncias de vínculos entre La Habana y redes de narcotráfico o crimen transnacional, podrían estar motivando esta intensificación de misiones de inteligencia en el Caribe.
La reaparición visible de aviones de espionaje estadounidense sobre el mar que bordea Cuba no es un hecho casual ni exclusivamente técnico. Se trata de una maniobra cargada de simbolismo y propósito.
Al dejar rastros inequívocos de su actividad, Washington parece enviar un mensaje directo al régimen cubano: toda actividad militar, cada transmisión y cada movimiento queda bajo vigilancia.
En un momento en que el tablero geopolítico latinoamericano se torna más inestable y multipolar, vuelos como este podrían ser tanto un ensayo de fuerza como un recordatorio de capacidades.
Cuba, atrapada entre alianzas históricas y crisis internas, vuelve a situarse bajo el radar -literal y estratégico- de las grandes potencias.
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