Mientras Israel y EE.UU. bombardean objetivos del régimen, videos filtrados antes del apagón de internet muestran a ciudadanos iraníes celebrando, bailando y coreando consignas contra la dictadura islámica. Las escenas recuerdan las protestas que desde diciembre sacuden al país y que fueron aplastadas con masacres que dejaron miles de muertos. Para los cubanos, el paralelismo es inevitable: un pueblo sometido que celebra los golpes contra sus opresores.
Baile, risas y gritos contra Khamenei
Antes de que el régimen iraní cortara casi completamente el internet —una táctica que ya empleó durante las masacres de enero—, decenas de videos lograron salir del país mostrando escenas impensables para una nación bajo bombardeo.
En Teherán, según reportó Times of Israel con videos verificados, chicas jóvenes subieron a los tejados de sus edificios para celebrar al ver el humo saliendo del complejo de Khamenei. Un video las muestra señalando las columnas de humo y gritando de alegría, diciendo que habían alcanzado "la casa del líder". En otro barrio, un grupo de jóvenes gritó en inglés "I love Trump" mientras el humo de un bombardeo se elevaba a pocos kilómetros.
Quizás la imagen más poderosa: iraníes bailando en plena calle, un acto que el régimen islámico tiene criminalizado desde 1979, cuando los clérigos lo declararon "pecaminoso" y un "acto de lujuria". También se vieron estudiantes de un colegio femenino en Teherán coreando "Muerte al Velayat" (el sistema de gobierno clerical), mientras otros ciudadanos gritaban "Muerte a Khamenei" desde las ventanas de sus casas. Un iraní en Teherán declaró en video que "pronto bajaremos la bandera de la República Islámica".
Según múltiples fuentes recopiladas por Wikipedia, comercios, tiendas, cafés y trabajadores también se sumaron a huelgas nacionales tras el inicio de los ataques. Las protestas adoptaron formas diversas: manifestaciones callejeras, consignas, bocinazos de autos, fogatas y la destrucción de cámaras de vigilancia del régimen.
Dos meses de protestas y masacres como antesala
Las celebraciones de hoy no surgen de la nada. Son la continuación de las protestas más grandes que ha vivido Irán desde la revolución de 1979, que estallaron a finales de diciembre de 2025 y se extendieron a más de 100 ciudades.
El detonante fue económico: el colapso del rial iraní, que perdió más del 40% de su valor, la inflación desbocada y el precio de los alimentos. Pero las demandas rápidamente se convirtieron en un movimiento de cambio de régimen, con consignas como "Muerte al dictador" y "Seyyed Ali [Khamenei] caerá este año".
La respuesta del régimen fue brutal. Según investigaciones documentadas, Khamenei ordenó personalmente "aplastar las protestas por cualquier medio necesario". Las masacres más sangrientas ocurrieron las noches del 8 y 9 de enero, ejecutadas por la Guardia Revolucionaria y las milicias Basij. Las cifras de muertos varían dramáticamente: el gobierno iraní admitió 3.117 muertes, la organización Human Rights Activists in Iran documentó 7.007 con nombre y apellido, mientras que otras estimaciones llegan a más de 30.000. Médicos iraníes documentaron en secreto a víctimas de disparos en hospitales, y hay reportes de que el régimen asesinó a manifestantes heridos en sus propias camas de hospital.
Durante semanas, el régimen impuso un apagón de internet casi total que afectó a 92 millones de personas, una táctica para encubrir la matanza y cortar la comunicación de los manifestantes. NetBlocks reportó que para finales de enero el apagón entraba en su tercera semana. Es el mismo recurso que el régimen ha vuelto a emplear hoy.
La diáspora: un millón de iraníes en las calles del mundo
Fuera de Irán, la respuesta ha sido masiva. La diáspora iraní organizó más de 160 manifestaciones en docenas de ciudades del mundo entre enero y febrero. El 14 de febrero, declarado "día global de acción" por Reza Pahlavi, más de un millón de iraníes protestaron simultáneamente en tres continentes: 350.000 en Toronto, 350.000 en Los Ángeles y 250.000 en Múnich. Son las mayores movilizaciones de la diáspora iraní en la historia.
Las consignas incluían "Liberen a los presos políticos", "Muerte a Khamenei" y "Esta es la batalla final, Pahlavi regresará". Muchos manifestantes de la diáspora pidieron abiertamente ataques militares estadounidenses contra el régimen, un reclamo que hoy se materializó.
No todo fue pacífico: el 11 de enero, un camión U-Haul embistió a manifestantes anti-régimen en Westwood, Los Ángeles, hiriendo a varias personas. Deutsche Welle reportó que los servicios secretos iraníes estaban atacando a exiliados internacionalmente.
Reza Pahlavi: "Momentos de destino nos esperan"
El hijo del último sha de Irán se ha convertido en la figura más visible de la oposición. Hoy, tras conocerse los ataques, publicó un mensaje en el que calificó la operación como una "intervención humanitaria" cuyo objetivo es la República Islámica, no el pueblo iraní.
Pahlavi pidió a los iraníes que se queden en sus casas y se mantengan a salvo, pero que estén "vigilantes y preparados" para cuando él anuncie el momento de "la acción final". Se dirigió a las fuerzas armadas y de seguridad: "Han jurado proteger a Irán y al pueblo iraní, no a la República Islámica y sus líderes. Únanse al pueblo o se hundirán con el barco de Khamenei". A Trump le pidió "la máxima cautela para preservar las vidas de los civiles".
También intervino Maryam Rajavi, líder del Consejo Nacional de Resistencia de Irán, quien anunció la formación de un "gobierno de transición" y rechazó tanto la República Islámica como la monarquía.
El espejo cubano
Para los millones de cubanos que siguen esta noticia, las imágenes de iraníes celebrando la destrucción de los símbolos de su opresión tienen una resonancia profunda. Un pueblo que lleva décadas bajo una dictadura que controla cada aspecto de la vida, que reprime toda disidencia, que culpa al exterior de todos los males mientras la cúpula vive en palacios.
Las similitudes son difíciles de ignorar: apagones interminables, crisis económica terminal, ayuda humanitaria solicitada por la ONU, un régimen que pierde aliados uno tras otro —Venezuela cayó, Irán tambalea— y un pueblo que aguanta hasta que no puede más.
Irán tuvo una versión multiplicda del 11J: protestas masivas aplastadas con violencia brutal. Pero a diferencia de Cuba, los iraníes han logrado mantener viva la llama durante dos meses, con huelgas nacionales y una diáspora organizada que movilizó a más de un millón de personas en un solo día. Como dijo un iraní en Teherán entre las explosiones: "La guerra no es buena, pero soy feliz".
Hoy, mientras los cubanos observan cómo otro aliado de su dictadura es golpeado, la pregunta flota en el aire del Malecón: si el régimen de los ayatolás, con su ejército, su Guardia Revolucionaria y sus miles de misiles, puede caer... ¿qué sostiene todavía a la dictadura cubana?
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