
El año 2026 comenzó con un escenario explosivo para la generación eléctrica en Cuba: el sistema electroenergético nacional entra en uno de sus peores momentos justo cuando Venezuela, su principal sostén petrolero durante más de dos décadas, vive una crisis política y militar sin precedentes. La combinación de déficit interno de generación, colapso de reservas de combustible y bloqueo al petróleo venezolano hace prácticamente inevitable un aumento de los apagones en la isla.
Un inicio de año con déficit récord en Cuba
En los primeros días de enero, la Unión Eléctrica (UNE) ha pronosticado afectaciones en el horario pico cercanas a los 1 800‑1 830 MW, una cifra que equivale a buena parte de la demanda máxima del país. Las notas oficiales reconocen que las interrupciones ya no se concentran solo en la noche, sino que se extienden prácticamente durante las 24 horas del día en numerosos territorios.
Este deterioro se apoya en dos pilares: por un lado, la indisponibilidad crónica de las viejas termoeléctricas, con múltiples unidades fuera del sistema por averías y falta de mantenimiento; por otro, la dependencia creciente de la generación distribuida (motores diésel y fuel oil) que solo puede funcionar si hay combustible suficiente. Cuando fallan ambas patas a la vez, el resultado es el que Cuba vive ahora mismo: largos apagones, baja capacidad de rotación de los circuitos y un nivel de irritación social en aumento.
Venezuela: del benefactor al epicentro de la tormenta
Mientras Cuba entra en este ciclo crítico, Venezuela atraviesa una sacudida histórica: ataque militar de Estados Unidos, captura de Nicolás Maduro y un bloqueo naval reforzado sobre el petróleo venezolano. El nuevo escenario ha puesto bajo control de Washington y de las grandes petroleras buena parte de los flujos de crudo que antes se usaban como herramienta geopolítica del chavismo, incluyendo los acuerdos preferenciales con La Habana.
Durante años, el petróleo venezolano —que llegó a superar los 90 000 barriles diarios en los mejores tiempos— fue reduciéndose hasta rondar los 11 000‑27 000 barriles diarios destinados a Cuba en 2025, según estimaciones de firmas de seguimiento de buques. Aun así, esos volúmenes seguían siendo vitales para encender las plantas y alimentar el transporte en la isla, y su pérdida o interrupción brusca tiene un efecto inmediato en forma de apagones, colas de combustible y parálisis productiva.
Bloqueo naval, petroleros perseguidos y Cuba atrapada
El nuevo conflicto ha traído un aumento de la presión sobre cualquier buque vinculado a crudo venezolano: interceptaciones, abordajes e incautaciones se han vuelto rutina en el Caribe y el Atlántico. Estados Unidos mira con especial recelo a la llamada “flota fantasma”, esos tanqueros con banderas de conveniencia, transpondedores apagados y prácticas opacas que durante años movieron petróleo sancionado hacia mercados como China, India… y, de forma indirecta, hacia Cuba.
En este contexto, cualquier operación destinada a llevar crudo venezolano hasta puertos cubanos se vuelve extremadamente arriesgada: los buques pueden ser perseguidos durante semanas y terminan, en muchos casos, incautados y remolcados a puertos controlados por Estados Unidos. Al mismo tiempo, tanqueros que ya habían zarpado desde Venezuela han optado por desviar ruta hacia Estados Unidos, donde el nuevo esquema prioriza el envío de crudo a refinerías norteamericanas en detrimento de aliados políticos tradicionales del chavismo.
Reservas en mínimos y “salvavidas” insuficientes
La consecuencia directa para Cuba es que el país encara el inicio de 2026 con inventarios de combustible en mínimos históricos: cálculos de analistas independientes sitúan las reservas en torno a los 360 000 barriles, equivalentes a cuatro días de consumo. Esta cifra obliga a racionar el diésel y la gasolina, recortar aún más el transporte y priorizar determinados sectores, dejando al resto del país expuesto a cortes eléctricos más largos y frecuentes.
México se ha convertido en el principal “salvavidas” de La Habana, enviando tanqueros como el Ocean Mariner con cargamentos del orden de 80 000 barriles (unos 14 millones de litros) que compran apenas unos días adicionales de margen. Sin embargo, la propia prensa mexicana y cubana reconocen que esos envíos no suponen un aumento sostenido del suministro respecto a años previos, y están lejos de sustituir el flujo regular que llegaba desde Venezuela.
Un sistema eléctrico al borde de la parálisis
En el terreno, todo esto se traduce en un sistema eléctrico que funciona en modo supervivencia, con déficit superior a 1 600‑1 800 MW y una parte importante de la capacidad térmica parada por falta de combustible o averías. Las termoeléctricas envejecidas, la generación distribuida que no puede operar por carencia de diésel y la intermitencia de las fuentes renovables dejan a la UNE sin herramientas para evitar apagones masivos.
La propia empresa estatal reconoce que las afectaciones diarias seguirán siendo muy elevadas, mientras medios independientes subrayan que el sistema comienza 2026 “en peores condiciones” que el año anterior, tanto por la indisponibilidad técnica como por la falta de combustible. La economía, ya en recesión profunda, sufre el impacto directo: industrias paralizadas, pérdidas en alimentos refrigerados, caída de servicios básicos y una población exhausta tras años de cortes.
¿Aumentarán los apagones?
Todos los factores apuntan en la misma dirección: sí, aumentarán los apagones. Por un lado, el choque externo provocado por la crisis venezolana reduce o casi corta una fuente esencial de petróleo para Cuba en un momento de extrema fragilidad interna. Por otro, no existe, al menos por ahora, ningún sustituto equivalente: ni México ni Rusia están en condiciones de asumir el rol que tuvo PDVSA, y La Habana carece de divisas para comprar grandes volúmenes en el mercado abierto.
En este nuevo entorno geopolítico, la generación eléctrica cubana queda tensada al máximo, sometida a una doble pinza de crisis: la que llega desde Caracas, con un chavismo en transición vigilada y un petróleo cada vez más controlado por Washington, y la que se cocina dentro de la isla, con décadas de atraso tecnológico, mala gestión y dependencia absoluta del combustible importado. Mientras esa ecuación no cambie de forma estructural, la “normalidad” en Cuba serán los apagones largos, frecuentes y, muy probablemente, crecientes
Preguntas frecuentes sobre la crisis eléctrica en Cuba
CiberCuba te lo explica: Toca la pregunta para ver la respuesta 👇
¿Por qué están aumentando los apagones en Cuba?
Los apagones están aumentando en Cuba debido a la crisis energética agravada por la falta de combustible y las averías en las termoeléctricas. La situación se ve empeorada por el bloqueo al petróleo venezolano, fuente principal de suministro para el país, y la incapacidad del sistema eléctrico cubano para generar suficiente energía por sí mismo.
¿Cuál es el impacto de la crisis en Venezuela en la situación energética de Cuba?
La crisis política y militar en Venezuela ha reducido drásticamente el suministro de petróleo a Cuba, ya que el bloqueo naval impide la llegada de crudo venezolano. Esta situación deja a Cuba con reservas de combustible en mínimos históricos, obligando al país a enfrentar apagones prolongados y un colapso del sistema eléctrico.
¿Qué medidas está tomando Cuba para enfrentar la crisis energética?
Cuba está recibiendo pequeños envíos de combustible desde México, pero estos son insuficientes para cubrir el déficit provocado por la falta de petróleo venezolano. Además, el gobierno no ha implementado soluciones estructurales efectivas, lo que deja al país en una situación crítica sin mejoras a corto plazo.
¿Cómo afecta la crisis eléctrica a la vida diaria en Cuba?
La crisis eléctrica en Cuba afecta gravemente la vida diaria de los ciudadanos, con apagones prolongados que impactan el suministro de agua, la conservación de alimentos, la atención médica y la educación. La falta de electricidad también paraliza la economía y aumenta el malestar social.
Archivado en: