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El conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán, iniciado en febrero de 2026 con ataques a instalaciones nucleares iraníes, ha desencadenado una crisis energética global con una consecuencia paradójica: los precios disparados del petróleo y el gas podrían reforzar la capacidad financiera de Rusia para sostener su invasión de Ucrania, ahora en su cuarto año. Según reportes de AP News, esta situación crea una tensión geopolítica sin precedentes.
Los ataques iraníes con drones contra infraestructuras clave del Golfo Pérsico han sacudido los mercados internacionales. QatarEnergy detuvo su producción de GNL el 2 de marzo de 2026 tras los ataques contra las terminales de Ras Laffan y Mesaieed. Qatar es el segundo mayor exportador mundial de GNL, con 82,4 millones de toneladas métricas exportadas en 2025, lo que representa aproximadamente el 20% del suministro global.
También fue atacada la refinería saudí de Ras Tanura, una de las mayores del mundo. La Guardia Revolucionaria iraní ha amenazado además con cerrar el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo y del GNL global. Rystad Energy estima que un bloqueo prolongado de ese estrecho causaría una pérdida de entre 8 y 10 millones de barriles diarios en el mercado mundial.
El impacto en los mercados ha sido inmediato y severo. El contrato TTF de gas natural en los Países Bajos se disparó más de un 40,8%, superando los 60 euros por MWh, frente a los 25 euros por MWh que cotizaba antes del conflicto. El precio del Brent subió con una prima de riesgo geopolítico de entre 14 y 15 dólares por barril, según Goldman Sachs.
Las proyecciones son aún más alarmantes si la crisis se prolonga. ING calcula que el Brent podría alcanzar los 100 dólares por barril y, en el peor escenario, los 140 dólares. Goldman Sachs advierte que el precio del gas en Europa podría duplicarse si el cierre del Estrecho de Ormuz se extiende un mes.
En este contexto, Rusia emerge como uno de los grandes beneficiarios potenciales de la crisis. El viceprimer ministro ruso Alexandr Nóvak fue directo al respecto: "Siempre estamos listos. Si compran, lo venderemos", declaró al ser preguntado sobre si Moscú está dispuesto a incrementar sus suministros de petróleo a China e India.
Los hidrocarburos representan el 22% del presupuesto ruso en 2025 y financian entre el 30 y el 35% del gasto militar del Kremlin. Aunque los ingresos rusos por exportaciones de crudo cayeron un 18% interanual hasta febrero de 2026, situándose en 85.500 millones de euros, los volúmenes exportados fueron un 6% superiores a los niveles previos a la invasión, con 215 millones de toneladas. Rusia produjo entre 9,13 y 9,14 millones de barriles diarios en 2025, solo un 2,5% por debajo de los niveles de 2021.
El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) ha sido explícito en su análisis: "High oil prices could fund Russia's war", señaló la organización, advirtiendo que precios del petróleo más altos podrían sostener el esfuerzo bélico ruso en Ucrania.
En 2025, Rusia exportó el 80% de su crudo a China e India. China absorbió el 48% del crudo ruso en enero de 2026 e India el 38%. Aunque India había reducido sus importaciones de crudo ruso entre un 12% y un 29% en diciembre de 2025 y enero de 2026 por presiones de sanciones estadounidenses contra Rosneft y Lukoil, la crisis iraní ha cambiado el cálculo. Fuentes rusas señalaron que están recibiendo señales de renovado interés indio.
El escenario crea una tensión geopolítica de primer orden. Mientras Occidente combate militarmente a Irán, los precios energéticos que genera ese mismo conflicto podrían reforzar a Rusia, el otro gran adversario estratégico de Washington y sus aliados. China, que importa aproximadamente el 83% del crudo y el GNL iraníes, enfrenta también una situación difícil ante la interrupción de ese suministro.
Europa es el eslabón más vulnerable de la cadena. El almacenamiento de gas en la Unión Europea se encuentra en niveles críticos, lo que hace al continente especialmente sensible a cualquier interrupción prolongada del suministro procedente del Golfo. Qatar suministra entre el 15% y el 20% del GNL europeo, y su producción está actualmente paralizada.
El presidente Trump anunció que, de ser necesario, Estados Unidos escoltará petroleros en la zona del Estrecho de Ormuz, una medida que refleja la gravedad con que Washington evalúa el riesgo de un bloqueo sostenido. La decisión de cómo y cuándo se resuelva la crisis en el Golfo tendrá consecuencias directas no solo en los mercados energéticos globales, sino también en los campos de batalla de Ucrania, donde los ingresos del petróleo ruso siguen siendo el principal motor financiero de la maquinaria de guerra del Kremlin.
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