Marco Rubio gana fuerza como posible sucesor de Trump en el Partido Republicano

Donald Trump se dirige a Marco Rubio en su intervención del 19 de febrero de 2026 © Flickr / U.S. Department of State
Donald Trump se dirige a Marco Rubio en su intervención del 19 de febrero de 2026 Foto © Flickr / U.S. Department of State

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El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, comienza a perfilarse como una de las figuras con más fuerza dentro del Partido Republicano de cara a las elecciones presidenciales de 2028, en una carrera que, por ahora, también incluye al vicepresidente JD Vance

Rubio, senador por Florida durante más de una década y actual jefe de la diplomacia estadounidense, es uno de los políticos cubanoamericanos más influyentes de Washington.  

Su creciente protagonismo dentro de la administración de Donald Trump también refleja el peso político que ha adquirido la comunidad cubanoamericana en el actual mapa electoral de Estados Unidos. 

De acuerdo con un reportaje de NBC News, el propio Trump ha estado preguntando en privado a aliados, donantes y figuras cercanas a su círculo político a quién preferirían como candidato republicano en 2028.  

En una reunión reciente celebrada en su residencia de Mar-a-Lago, en Florida, el presidente planteó la pregunta a un grupo de unos 25 donantes republicanos. 

Según personas presentes en el encuentro, la reacción fue mayoritariamente favorable a Rubio. “Fue casi unánime para Marco”, dijo uno de los asistentes citados en el reporte.  

Aunque otras fuentes matizan que el apoyo estaba más dividido entre Rubio y Vance, el episodio refleja que Trump ya piensa en su eventual sucesión política y que su opinión podría resultar decisiva en las primarias republicanas. 

El escenario en el que se produjo la conversación tampoco es menor. Mar-a-Lago, en Palm Beach, se ha convertido en uno de los centros políticos más influyentes del trumpismo y en un punto de encuentro habitual de donantes, empresarios y figuras políticas, entre ellos numerosos cubanoamericanos de Florida. 

Florida, donde reside Rubio, es además uno de los bastiones electorales clave del Partido Republicano. En los últimos ciclos electorales, el voto cubanoamericano ha jugado un papel importante en las victorias republicanas en el estado, incluido el triunfo de Trump en las elecciones presidenciales. 

El propio Trump ha reconocido en varias ocasiones el peso político de la comunidad cubana en Florida y su influencia dentro del movimiento republicano actual. 

El creciente protagonismo de Rubio también está ligado a su papel central en la política exterior del gobierno.  

En los últimos meses, la administración estadounidense ha concentrado gran parte de su atención en varios conflictos internacionales, entre ellos la crisis con Irán, que incluyó ataques coordinados con Israel contra objetivos iraníes. 

Rubio ha estado directamente involucrado en esas decisiones y en la gestión diplomática posterior, lo que ha elevado su perfil dentro de la administración. Trump incluso lo elogió públicamente en un acto reciente en la Casa Blanca, donde afirmó que podría convertirse en “el mejor secretario de Estado en la historia del país”.

A pesar de dirigir una de las carteras más exigentes del gobierno federal, el cubanoamericano ha logrado aumentar su influencia dentro de la administración sin generar grandes conflictos políticos internos. Ese equilibrio —acumular poder sin acumular enemigos— ha contribuido a consolidar su perfil como una de las figuras más eficaces de la política exterior del actual gobierno.

Ese protagonismo contrasta con la posición más discreta del vicepresidente Vance durante la crisis. Aunque ha defendido públicamente las decisiones del gobierno, su presencia en la comunicación oficial sobre la guerra ha sido menor en comparación con la de Rubio. 

Las diferencias entre ambos también reflejan estilos políticos distintos dentro del trumpismo. Vance, un político más joven que ganó notoriedad como defensor combativo de la agenda MAGA, es conocido por su retórica confrontativa frente a los medios y sus críticas a las élites políticas tradicionales. 

Rubio, por su parte, proyecta una imagen más diplomática y pragmática. Su trayectoria política incluye años en el Senado y ahora la conducción de la política exterior estadounidense, lo que le ha permitido consolidar relaciones con aliados internacionales y figuras influyentes dentro del Partido Republicano, y hasta del propio Partido Demócrata, donde muchos valoran su conocimiento de los desafíos globales que enfrenta el país. 

Para muchos cubanoamericanos —especialmente en Florida— Rubio representa además una figura política con raíces directas en la comunidad exiliada.  

Hijo de inmigrantes cubanos que llegaron a Estados Unidos antes de la revolución de 1959, su ascenso político ha sido seguido de cerca durante años por parte del electorado hispano conservador del sur de Florida. 

Algunos analistas consideran que ese perfil podría resultar atractivo para un electorado más amplio, especialmente si los republicanos buscan ampliar su base más allá de los votantes más fieles al movimiento MAGA. 

Sin embargo, el camino hacia 2028 sigue siendo incierto. Las encuestas internas del partido continúan mostrando una alta popularidad de Vance entre los votantes republicanos, en parte por su cercanía ideológica con Trump y su papel como vicepresidente. 

Además, el propio Trump ha evitado señalar a un sucesor claro. En varias declaraciones públicas ha elogiado tanto a Rubio como a Vance, y en ocasiones incluso ha sugerido que ambos podrían formar parte de un futuro “equipo” político. 

Mientras tanto, el presidente parece disfrutar su papel como figura decisiva dentro del partido. Asesores cercanos señalan que Trump suele preguntar con frecuencia a aliados y colaboradores su opinión sobre distintos temas políticos y estratégicos, incluidas posibles candidaturas. 

En ese contexto, la competencia entre Rubio y Vance podría convertirse en uno de los ejes de la futura primaria republicana. 

Para Marco Rubio, el creciente protagonismo dentro del gobierno y la cercanía con el círculo político de Trump —especialmente en Florida— podría consolidarlo como una de las principales apuestas republicanas de cara a 2028. 

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