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El impacto de la guerra con Irán ya se siente con fuerza en los bolsillos de millones de estadounidenses. Este 18 de marzo, el precio promedio nacional de la gasolina regular alcanza los 3,84 dólares por galón, según datos de AAA, su nivel más alto desde 2023.
En estados como Florida, la situación es aún más tensa: el combustible se cotiza hoy en 3,93 dólares, por encima de la media nacional.

La escalada responde a un shock global en el mercado petrolero tras el conflicto iniciado el 28 de febrero entre Estados Unidos, Israel e Irán, que ha alterado el flujo mundial de crudo y disparado los costos energéticos.
Un golpe directo al bolsillo
El alza ha sido rápida y contundente. Antes del conflicto, los conductores pagaban alrededor de 2,98 dólares por galón. En apenas semanas, el incremento ha sido cercano a un dólar, una subida que ya condiciona el día a día de muchas familias.
El encarecimiento del combustible se ha convertido en uno de los efectos económicos más inmediatos de la guerra, en un contexto donde el costo de vida ya venía presionando a los hogares.
Detrás del aumento está el repunte del crudo. El barril de Brent -referente internacional- ha superado los 102 dólares, cuando hace apenas semanas rondaba los 70. En Estados Unidos, el crudo también se ha disparado hasta cerca de 96 dólares por barril.
Las causas son múltiples: interrupciones en la cadena de suministro, recortes de producción en Oriente Medio y, sobre todo, la paralización casi total del tránsito de petroleros por el estrecho de Ormuz, un punto clave por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial.
A esto se suman ataques a infraestructuras energéticas y la incertidumbre geopolítica, que mantiene en vilo a los mercados.
Trump intenta capitalizar el alza
La subida de los precios ha puesto la mirada sobre la Casa Blanca. Antes del conflicto, el presidente Donald Trump presumía de mantener bajos los precios del combustible. Ahora, ha optado por un discurso diferente.
En su red social, afirmó que, dado que Estados Unidos es el mayor productor mundial, “cuando suben los precios del petróleo, ganamos mucho dinero”.
Sin embargo, ese beneficio no llega directamente a los consumidores. Expertos advierten que el impacto inmediato recae sobre los hogares, que deben asumir el aumento en un momento de presión inflacionaria.
En las estaciones de servicio, el malestar es evidente. Para los trabajadores del transporte, el golpe es aún mayor, pues el alza afecta tanto su trabajo como su vida personal, en medio de un diésel que ya supera los 5 dólares por galón.
No obstante, no todos ven el panorama de forma negativa. En regiones petroleras como Texas, el aumento del crudo impulsa la actividad económica.
Medidas de emergencia con efecto limitado
Ante la crisis, organismos internacionales y el propio gobierno estadounidense han activado mecanismos para aumentar la oferta.
La Agencia Internacional de la Energía anunció la liberación de 400 millones de barriles de reservas, mientras que Estados Unidos aportará 172 millones adicionales.
Washington también ha flexibilizado temporalmente sanciones al petróleo ruso para aliviar la presión.
Sin embargo, analistas coinciden en que estas medidas son solo un alivio temporal. El mercado del petróleo funciona con anticipación y el impacto en los precios al consumidor tarda en estabilizarse.
Más inflación y menos consumo
El encarecimiento del combustible no solo afecta a quienes conducen. Tiene un efecto dominó sobre toda la economía: transporte, alimentos, servicios y energía.
El profesor Francesco D’Acunto, de la Universidad de Georgetown, advierte que estos choques inflacionarios pueden paralizar decisiones clave de los hogares.
“Estos choques… hacen que muchos hogares y consumidores se queden paralizados”, explicó en declaraciones a la agencia AP.
“Así que, potencialmente, incluso eso tendrá un efecto en la economía en general”, añadió.
A medida que las familias destinan más dinero a la gasolina, recortan otros gastos, lo que puede frenar el crecimiento económico si la situación se prolonga.
El futuro inmediato es incierto. Si el conflicto se intensifica o se prolonga, los precios podrían seguir subiendo.
Además, factores estacionales -como el cambio a la gasolina de verano, más cara de producir- podrían añadir presión adicional en las próximas semanas.
Por ahora, lo único claro es que la guerra con Irán ya se ha trasladado directamente al día a día de millones de estadounidenses, que enfrentan el costo más alto del combustible en casi dos años y medio.
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