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Un equipo del FBI llegó este miércoles a Cuba para participar en la investigación conjunta del tiroteo ocurrido entre guardafronteras cubanos y los tripulantes de una lancha rápida con matrícula de Florida.
El incidente tuvo lugar cerca de Cayo Falcones, municipio de Corralillo, provincia de Villa Clara, a aproximadamente una milla náutica de la costa norte de Cuba. Según EFE, la llegada del equipo del Buró Federal de Investigaciones (FBI) constituye un episodio sin precedentes recientes en la relación bilateral entre ambos países.
Según la versión oficial del ministerio del Interior (MININT) cubano, la embarcación —identificada con la matrícula FL7726SH— transportaba diez personas armadas con fusiles de asalto, armas cortas, artefactos incendiarios, chalecos antibalas y uniformes de camuflaje.
Los guardafronteras cubanos, una unidad de cinco efectivos, se aproximaron a la lancha para identificarla y, según La Habana, los ocupantes abrieron fuego primero, hiriendo al comandante de la nave en la región abdominal.
El saldo del enfrentamiento fue de cinco muertos entre los tripulantes de la lancha —cuatro en el momento del tiroteo y uno más que falleció posteriormente, y seis detenidos, quienes enfrentan cargos de terrorismo en Cuba.
Al menos un ciudadano estadounidense murió y otro resultó herido en el tiroteo, según fuentes de Estados Unidos.
La identidad de los tripulantes generó controversia desde el primer momento: uno de los nombres incluidos en la lista divulgada por el MININT apareció horas después en territorio estadounidense, poniendo en duda la versión oficial del régimen.
La familia propietaria de la lancha en Florida aseguró que la embarcación había sido robada por un empleado y que se trataba de un barco totalmente familiar utilizado para faenas de pesca, nunca destinado a una operación armada.
El FBI acudió a una vivienda en Miami Lakes vinculada a los registros de propiedad de la lancha, y el fiscal general de Florida, James Uthmeier, ordenó una investigación estatal para esclarecer las circunstancias e implicación de ciudadanos estadounidenses.
El secretario de Estado Marco Rubio calificó el incidente de muy inusual ver tiroteos en ese mar abierto y afirmó que Estados Unidos verificaría los hechos de forma independiente.
El 13 de marzo, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel confirmó en un discurso televisado que Cuba había informado del incidente a Washington por vías diplomáticas y consular, y anunció la posible visita de agentes del FBI.
"Estamos esperando la posible visita de expertos del FBI" para participar en la aclaración e investigaciones con personal de nuestro Ministerio del Interior, declaró.
Este episodio ocurre en un contexto más amplio de preocupación por la actividad del régimen cubano.
Apenas horas antes, el FBI advirtió públicamente que Cuba representa una amenaza real para la seguridad de Estados Unidos, especialmente en el ámbito del espionaje, destacando décadas de infiltraciones en instituciones gubernamentales estadounidenses.
Funcionarios de contrainteligencia subrayaron que, pese a su tamaño, la isla ha desarrollado una capacidad sostenida para obtener información sensible y anticiparse a decisiones de Washington, lo que añade una dimensión estratégica a la cooperación actual en la investigación del tiroteo.
En ese escenario, la presencia del FBI en Cuba no solo busca esclarecer lo ocurrido en aguas cercanas a Villa Clara, sino que también refleja el delicado equilibrio entre cooperación puntual y desconfianza estructural que define hoy las relaciones entre ambos países.
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