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La estatal cubana CUPET anunció este sábado que concluyó satisfactoriamente y en el tiempo pactado la descarga del petrolero Anatoly Kolodkin en el puerto de Matanzas, con 100,000 toneladas métricas de crudo calificadas por el régimen como "ayuda solidaria proveniente de Rusia".
El buque, registrado en San Petersburgo y perteneciente a Sovcomflot —naviera estatal rusa sancionada desde 2024 por Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido—, zarpó del puerto ruso de Primorsk el 8 de marzo y atracó en la Base de Supertanqueros de Matanzas el 31 de marzo, convirtiéndose en el primer suministro significativo de petróleo que recibe Cuba en casi tres meses.
Según Irenaldo Pérez Cardoso, director adjunto de CUPET, el proceso de descarga tomó aproximadamente 96 horas.
CUPET informó que en los próximos días comenzará el proceso de refinación del crudo para producir gas licuado de petróleo, gasolina, diésel y fuel oil, con los primeros productos derivados previstos para distribuirse en la segunda quincena de abril.
Sin embargo, las 100,000 toneladas recibidas —equivalentes a entre 730,000 y 740,000 barriles— apenas alcanzarían para mantener operativo el Sistema Eléctrico Nacional entre siete y 14 días, lo que llevó a muchos cubanos a calificar irónicamente el envío como una "limosna".
El cargamento llega en medio de la peor crisis energética que atraviesa la isla desde enero de 2026, con déficits de generación que superaron los 1,900 MW y apagones de hasta 24 horas.
El Sistema Eléctrico Nacional colapsó completamente en al menos dos ocasiones: el 16 de marzo, por 29 horas y 29 minutos, y nuevamente el 22 de marzo.
El arribo del Anatoly Kolodkin no estuvo exento de tensión geopolítica. El Comando Sur de Estados Unidos posicionó cortadores de la Guardia Costera cerca de Cuba durante la aproximación del buque, y su entrada requirió una autorización implícita de la administración Trump el 30 de marzo, tras una negociación en la que La Habana suministró combustible a la embajada estadounidense en La Habana.
A pesar de ello, tanto el régimen cubano como Moscú presentaron el hecho como una victoria. La televisión estatal cubana lo difundió como una ruptura del embargo, omitiendo la autorización de Washington.
Miguel Díaz-Canel agradeció el envío el 1 de abril, y el primer ministro Manuel Marrero lo presentó al día siguiente como un éxito ante Estados Unidos.
Rusia, por su parte, aprovechó el episodio para la propaganda geopolítica. Dmitry Birichevsky, director del Departamento de Cooperación Económica del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, declaró este sábado que Rusia no pretende solicitar permiso a otros países para suministrar su petróleo.
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