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El ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia declaró este sábado que Moscú no pedirá autorización a ningún país para exportar su petróleo, en una respuesta retórica directa a las presiones de Washington sobre los envíos de crudo ruso a Cuba.
Dmitry Birichevsky, director del Departamento de Cooperación Económica del ministerio de Relaciones Exteriores ruso, afirmó que los asuntos de suministro de petróleo son una cuestión de soberanía nacional y que las declaraciones de otros estados al respecto "son recibidas con perplejidad".
"Rusia NO pretende solicitar permiso a otros países para SUMINISTRAR su petróleo", zanjó el funcionario en un nuevo desafío a la administración Trump.
La declaración fue difundida en redes sociales por la Embajada Rusa en Sudáfrica y llega apenas días después de que el propio Kremlin admitiera haber negociado previamente con Washington la autorización para que el petrolero Anatoli Kolodkin llegara al puerto de Matanzas.
El Anatoli Kolodkin atracó en Matanzas el 30 y 31 de marzo con unas 100,000 toneladas métricas de crudo, equivalentes a aproximadamente 730,000 barriles, el primer suministro significativo de petróleo a Cuba en casi tres meses.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, confirmó que el envío fue discutido previamente con Estados Unidos, y el presidente Donald Trump autorizó la entrada del buque por razones humanitarias: "Prefiero dejarlo entrar, sea de Rusia o de cualquier otro país, porque la gente necesita calefacción, refrigeración y otras cosas básicas".
El cargamento apenas cubre entre siete y diez días del consumo total cubano, que requiere entre 90,000 y 110,000 barriles diarios para sostener su sistema eléctrico y su economía.
La crisis energética en Cuba se agudizó desde enero de 2026, cuando Venezuela suspendió sus envíos tras la captura de Nicolás Maduro y México redujo sus suministros, que representaban el 44% de las importaciones cubanas en 2025.
La administración Trump ha endurecido el cerco energético sobre la isla: el 29 de enero declaró una emergencia nacional por las amenazas que representa Cuba y autorizó aranceles adicionales a países que le suministren petróleo.
El 20 de marzo, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) emitió la licencia 134A excluyendo explícitamente a Cuba de las exenciones temporales concedidas a otros países para el crudo ruso en tránsito.
Un segundo buque ruso, el Sea Horse, con unas 27,000 toneladas de diésel, fue desviado hacia Trinidad y Tobago y luego a aguas venezolanas ante las presiones de la OFAC, sin que se confirmara su llegada a Cuba.
El ministro de Energía ruso Serguéi Tsivilev presentó ese segundo envío: Tsivilev presentó ese segundo envío el 2 de abril en el foro Energoprom-2026 en San Petersburgo como una ruptura del "bloqueo", en la misma línea propagandística que ahora adopta Birichevsky.
Díaz-Canel y el primer ministro Manuel Marrero agradecieron públicamente el envío ruso, aunque admitieron su insuficiencia ante un déficit que supera los 2,000 megavatios y apagones que se prolongan hasta veinte horas diarias.
La fanfarronada del Kremlin contrasta con la realidad: Rusia negoció con Washington cada barril que llegó a Cuba, mientras el pueblo cubano sigue pagando el precio de siete décadas de dictadura con oscuridad y escasez.
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