Régimen también culpa al embargo de la crisis en la industria textil de Cuba



Industria textil © ACN
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La única hilandería de algodón de Cuba, la Hilandería Inejiro Asanuma (Gihilan), ubicada en el municipio costero de Gibara, Holguín, opera con graves dificultades productivas que sus directivos atribuyen al embargo estadounidense, aunque la crisis estructural del sector responde a décadas de gestión fallida del régimen cubano.

La fábrica, fundada en 1961 y primer eslabón de la cadena textil nacional, abastece al 100% de la hilaza de algodón del país y provee insumos clave para hospitales, escuelas y otros sectores estratégicos.

Duniet Bruceta Leyva, director general de Gihilan, declaró este miércoles a la Agencia Cubana de Noticias que el embargo "constituye la principal barrera para el avance de la fábrica, ya que limita el acceso a financiamiento, insumos y tecnologías".

Sin embargo, los problemas que describe son el resultado directo de un modelo económico centralizado e ineficiente que lleva más de seis décadas sin generar capacidad productiva propia ni diversificar fuentes de abastecimiento.

Adolfo Sarmiento Ramos, especialista en inversiones de la entidad, señaló que "uno de los mayores desafíos radica en la adquisición de piezas de repuesto y componentes electrónicos, debido a que gran parte de estos provienen de firmas estadounidenses, lo que compromete el mantenimiento y la sostenibilidad de la maquinaria".

Las restricciones, según Sarmiento Ramos, "provocan la paralización temporal de áreas de trabajo, demoras en el arribo de insumos y la búsqueda de proveedores en terceros países, lo cual encarece los costos de transportación y logística".

Entre las afectaciones más críticas está la importación de fibra de algodón, materia prima esencial para la hilaza, cuya escasez impacta directamente en la producción de gasa quirúrgica para el Ministerio de Salud Pública y en los módulos de canastilla destinados a embarazadas.

Bruceta Leyva reconoció además que "la inestabilidad del suministro eléctrico y el déficit de portadores energéticos provocan interrupciones en el flujo industrial y dificultan el traslado de los obreros y de materiales".

El colapso de Gihilan no es un caso aislado: refleja el deterioro generalizado de la industria textil cubana.

La textilera de Santa Clara dejó de producir gasa quirúrgica desde noviembre de 2022 por falta de materias primas importadas, pese a contar con financiamiento asignado.

En el curso escolar 2024-2025, Cuba solo fabricó 2,2 millones de uniformes de los 3,6 millones previstos, obligando a fábricas en Villa Clara y Santiago a operar con generadores en medio de los apagones.

En 2024, de 222 productos industriales planificados en todo el país, 161 no se cumplieron por falta de insumos y divisas, una cifra que evidencia el fracaso sistémico del modelo de planificación centralizada.

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