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El mercado inmobiliario de La Habana muestra señales de reactivación este abril, impulsado no por la oferta y la demanda, sino por las expectativas de un cambio político en Cuba tras seis décadas de dictadura comunista, según reporta la agencia AFP.
Corredores de bienes raíces reportan mayor actividad, especialmente en los barrios más cotizados de la capital: Miramar, Nuevo Vedado y Vedado, conocidos por sus mansiones neoclásicas, embajadas y joyas Art déco.
El mercado se mueve por expectativas de transformación política, explicaron los propios corredores inmobiliarios consultados por la agencia internacional.
Este fenómeno coincide con la discusión de un anteproyecto de ley de vivienda que podría aprobarse en julio de 2026, lo que ha generado mayor interés entre potenciales compradores e inversores.
El debate sobre las propiedades confiscadas tras la Revolución de 1959 también reaparece con fuerza en este contexto, reabriendo una vieja herida entre quienes perdieron sus bienes y sus descendientes, muchos de ellos en el exilio.
La crisis energética agrava el panorama: la reducción del suministro venezolano ha terminado privando a Cuba del 30% de su suministro de crudo, lo que ha profundizado el deterioro económico y social de la isla.
Todo ello ocurre en un momento de presión máxima sobre el régimen cubano, que enfrenta simultáneamente el colapso de los servicios básicos, la emigración masiva y el descontento popular creciente.
La paradoja del mercado inmobiliario habanero resulta llamativa en un país donde la población sobrevive con un salario promedio que no supera los 16 dólares mensuales, lo que evidencia que los movimientos de capital en este sector responden a actores externos o a la diáspora cubana, y no a la capacidad adquisitiva de los ciudadanos en la isla.
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