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El Departamento de Trabajo de Estados Unidos publicó este jueves en su cuenta oficial de la red social X un gráfico triunfalista bajo el lema «THE TRUMP EFFECT! », atribuyendo a la gestión de Donald Trump una caída en los precios de 24 categorías de bienes y servicios, desde huevos hasta teléfonos inteligentes.
El gráfico, elaborado por el Consejo de Asesores Económicos con datos de la Oficina de Estadísticas Laborales, muestra reducciones interanuales encabezadas por los huevos (-39,2%), los teléfonos inteligentes (-12,4%), las entradas a eventos deportivos (-10,0%), los trajes de hombre (-7,1%) y los seguros de salud (-6,1%), entre otras categorías.
Sin embargo, el cuadro macroeconómico general que publicó esa misma Oficina de Estadísticas Laborales apenas dos días antes cuenta una historia muy diferente.
Según los datos oficiales de inflación de abril de 2026, los precios subieron un 0,6% mensual, elevando la tasa anual al 3,8%, la más alta desde mayo de 2023, por encima incluso de las expectativas de los economistas, que proyectaban un 3,7%.
Lo más preocupante para los hogares estadounidenses es que, por primera vez desde abril de 2023, los salarios reales se volvieron negativos: los sueldos crecieron un 3,6% interanual, mientras los precios subieron un 3,8%.
El principal motor del alza es la energía, que escaló un 17,9% interanual y representó el 40% del incremento mensual total del Índice de Precios al Consumidor en abril.
La gasolina acumula un alza del 18,9% interanual, y la electricidad subió un 2,1% en abril, el mayor incremento mensual en más de cuatro años.
Los alimentos tampoco escapan a la presión: los precios generales del rubro subieron un 3,2% interanual, los artículos de supermercado un 3,6%, y los tomates se dispararon más de un 15% por segundo mes consecutivo.
Economistas independientes señalan que la estrategia comunicacional del gobierno consiste en seleccionar categorías específicas con deflación mientras omite el panorama general.
La caída del 39,2% en el precio de los huevos, por ejemplo, responde en gran medida a la normalización tras la crisis de gripe aviar de 2024-2025, no a una política gubernamental.
«Para los consumidores, esto significa que el costo de vida sigue siendo incómodo. Para la Reserva Federal, significa que es probable que los recortes de tasas de interés se pospongan hacia el futuro», advirtió Sung Won Sohn, economista de la Universidad Loyola Marymount.
Augustine Faucher, economista jefe de PNC Financial Services Group, añadió que «los consumidores ya estaban bajo presión» antes de este nuevo repunte inflacionario, en un contexto de desaceleración del mercado laboral y alza de precios de la gasolina.
El shock energético tiene un origen concreto: los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero de 2026 desencadenaron el bloqueo del Estrecho de Ormuz, interrumpiendo el flujo de petróleo, fertilizantes, aluminio y helio.
Antes de esos ataques, la inflación se había moderado hasta el 2,4%, un logro que la administración Trump había utilizado políticamente.
El economista Joe Brusuelas, de RSM US, resumió el impacto con una frase directa: «La guerra ha llegado a casa, y los estadounidenses pueden sentirla y verla en su cesta de la compra».
Oliver Allen, economista sénior de Pantheon Macroeconomics, intentó matizar el panorama: «Creo que la situación resultará incómoda para los hogares durante los próximos meses. Pero no será una repetición de lo que presenciamos en 2021 y 2022, cuando las cifras de inflación no dejaban de escalar mes tras mes».
La Reserva Federal, que mantuvo sus tasas entre el 3,50% y el 3,75% en marzo, enfrenta ahora un escenario en que los recortes previstos podrían postergarse indefinidamente ante una inflación que supera los salarios y muestra pocas señales de ceder a corto plazo.
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