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Rusia y Bielorrusia pusieron en marcha este martes maniobras militares conjuntas centradas en el uso de armas nucleares, que se extenderán hasta el 21 de mayo, en lo que el ministerio de Defensa ruso describió como ejercicios «de preparación y aplicación de fuerzas nucleares en condiciones de amenaza de agresión».
Según reporte de BBC, los ejercicios involucran más de 64.000 militares y más de 7.800 unidades de equipamiento, entre ellas más de 200 lanzadores de misiles, más de 140 aeronaves, 73 buques de superficie y 13 submarinos.
Participan las Fuerzas de Misiles Estratégicos, las flotas del Norte y del Pacífico, la aviación de largo alcance y fuerzas de los Distritos Militares de Leningrado y Central.
Moscú confirmó además que los ejercicios incluyen «la preparación y el uso conjunto de armas nucleares desplegadas en territorio de la República de Bielorrusia», lo que convierte a Minsk en plataforma activa de la disuasión nuclear rusa frente a las fronteras de la OTAN.
El día anterior, el ministerio de Defensa bielorruso había anunciado sus propios ejercicios nucleares coordinados con Rusia, anticipando el anuncio conjunto.
El ministerio de Relaciones Exteriores de Ucrania reaccionó con dureza, calificando los ejercicios de «desafío sin precedentes a la arquitectura de seguridad global» y acusando a ambos regímenes de violar los artículos I y II del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que prohíben a los estados nucleares transferir el control de armas de destrucción masiva y a los no nucleares recibirlo.
Kiev señaló que «al convertir a Bielorrusia en su base nuclear cerca de las fronteras de la OTAN, el Kremlin está legitimando de facto la proliferación de armas nucleares en todo el mundo y sentando un precedente peligroso para otros regímenes autoritarios».
Ucrania exigió un aumento drástico de las sanciones contra Moscú y Minsk, mayor apoyo militar a Kiev, refuerzo de la presencia aliada en el flanco oriental de la OTAN y una cooperación de seguridad más profunda con Ucrania.
Estos ejercicios no son los primeros de este tipo. En septiembre de 2025, Rusia y Bielorrusia realizaron las maniobras conjuntas Zapad-2025, que incluyeron entrenamiento con sistemas de capacidad nuclear e hipersónica, incluido el misil Oreshnik, cerca de las fronteras de la Alianza Atlántica.
En mayo de 2024, Putin ya había ordenado maniobras de fuerzas nucleares no estratégicas en respuesta a lo que Moscú describió como «amenazas y declaraciones provocadoras» de Occidente.
El contexto internacional agrava la preocupación: el 5 de febrero de 2026, el tratado New START —el último acuerdo bilateral de control de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia— expiró sin ser renovado ni reemplazado, eliminando los últimos límites formales verificables sobre los arsenales estratégicos de ambas potencias.
Bielorrusia, que renunció a las armas nucleares soviéticas en los años noventa y firmó el TNP como estado no nuclear, ha revertido de facto esa postura desde que Putin anunció el despliegue de armas nucleares tácticas rusas en su territorio en marzo de 2023, completado en junio de ese mismo año.
Ucrania advirtió que «la audacia de Moscú y Minsk, que han cruzado deliberadamente todas las líneas rojas del TNP, no puede quedar sin una respuesta firme y consolidada» por parte de la comunidad euroatlántica y el resto del mundo.
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