Historiador Aries Cañellas: «La situación de Cuba es mucho peor que cuando terminó la guerra en 1898»

«Ahora ni siquiera podemos decir que ha habido una guerra, y tenemos la misma insalubridad, las mismas malas condiciones en los caminos, los mismos problemas con la educación, los mismos problemas, y agravados por el hecho de que al menos en 1898 había una infraestructura que se podía volver a echar a andar, ya no, se la han cargado»



Arias Cañellas / Calle San Lázaro Foto © CiberCuba

El historiador cubano Aries Cañellas afirmó que la situación actual de Cuba es «mucho peor» que la que existía al finalizar la Guerra de Independencia en 1898, una comparación que traza en una entrevista con Tania Costa para CiberCuba sobre la manipulación histórica del régimen castrista.

«Ahora ni siquiera podemos decir que ha habido una guerra y tenemos la misma insalubridad, tenemos las mismas malas condiciones en los caminos, tenemos los mismos problemas con la educación», señaló Cañellas, subrayando que la crisis actual carece incluso de la justificación que tendría un conflicto bélico.

El elemento que agrava la comparación es la destrucción de la infraestructura. Según el historiador, en 1898 existía una base material que pudo reactivarse en apenas cuatro años: «La infraestructura que en el 98 se echó a funcionar en dos años, ya ellos se la cargaron. O sea, es peor, ahora mismo es peor que en el 98».

Para ilustrar el retroceso, Cañellas citó al economista Elías Amor, quien advirtió que la producción de azúcar en Cuba ha retrocedido a niveles de 1898. La zafra 2022-2023 produjo apenas 350,000 toneladas, la peor cosecha desde aquel año, y la zafra 2024-2025 cayó por debajo de las 150,000 toneladas, el peor resultado en más de un siglo según la agencia EFE.

El historiador también apunta a la ausencia de una clase económica capaz de liderar la reconstrucción como el factor que hace la situación actual estructuralmente más grave. «Si en 1898, en cuatro años, el país se volvió funcional y en 1902 el país ya era funcional, era porque en primer lugar había una clase económica que tenía dinero, que tenía propiedades, que tenía inversiones y que estaba dispuesta a meterlas en el país», explicó.

Fue precisamente esa clase adinerada la que negoció el Tratado de Reciprocidad Comercial con Estados Unidos antes incluso de la firma de la Enmienda Platt, para revivir la infraestructura comercial de la isla. «Ahora no podemos hacer eso, Tania. Ahora ni siquiera tenemos eso», lamentó Cañellas.

El historiador reconoce que la diáspora cubana en Miami y en el resto del mundo podría asumir un papel similar, pero advierte que la reconstrucción no será inmediata: «La diáspora de Miami del mundo de cubanos que hay por ahí sí lo pueden hacer, pero no va a ser mañana. No va a ser al día siguiente, porque primero el gobierno que venga tiene que crear la ley».

Cañellas subraya que actualmente no existe ningún marco jurídico que permita ese proceso, y que un gobierno de transición deberá construirlo desde cero antes de que la inversión de la diáspora pueda materializarse.

En paralelo, el historiador denuncia cómo el régimen manipuló sistemáticamente la historia para perpetuarse. «Lo más escandaloso es cómo ellos han acomodado la historia patria a los intereses de perpetuarse en el poder y cómo han subvertido totalmente toda la historia nacional en función de sus intereses», afirmó.

Uno de los mecanismos más reveladores fue la recodificación del lenguaje político. Según Cañellas, el régimen partía de una premisa: la Revolución del 1 de enero de 1959 era «la máxima aspiración de todos los cubanos», por lo que cualquier opositor quedaba automáticamente excluido de la cubanidad y convertido en «gusano» o «apátrida».

Esa lógica permitió que los mismos hombres del Movimiento 26 de Julio y del Directorio Revolucionario que eran llamados «revolucionarios» antes del triunfo pasaran a ser «bandidos y mercenarios» apenas dos meses después: «Guerrillero pasó a ser bandido», resumió el historiador.

La manipulación también operó visualmente: los libros de texto cubanos post-1959 carecían de imágenes del período republicano anterior, ocultando la prosperidad de La Habana y presentando solo estampas de miseria para justificar el discurso del régimen. «Ni era esa República que describía el comunismo ni era tampoco la República donde todos eran millonarios. La República tenía luces y sombras», concluyó Cañellas.

Preguntas frecuentes sobre la situación actual de Cuba y la comparación histórica

CiberCuba te lo explica:

¿Por qué el historiador Aries Cañellas considera que la situación actual de Cuba es peor que en 1898?

Según Aries Cañellas, la situación actual de Cuba es mucho peor que en 1898 debido a la destrucción de la infraestructura sin la justificación de un conflicto bélico. A diferencia de 1898, donde existía una clase económica capaz de reconstruir el país, hoy no se cuenta con una base material ni con una clase económica que lidere la recuperación. Además, la producción de azúcar ha retrocedido a niveles de finales del siglo XIX, lo que evidencia un colapso económico significativo.

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¿Cuál es el impacto del colapso de la industria azucarera en Cuba?

El colapso de la industria azucarera ha llevado a una producción de azúcar que es inferior a la de 1899, afectando negativamente la economía del país. Este retroceso ha sido atribuido a decisiones políticas como la "Tarea Álvaro Reynoso" impulsada por Fidel Castro, que cerró numerosos centrales azucareros, dejando a miles de trabajadores sin empleo y sin alternativas económicas viables. La crisis se agrava porque el país no puede cubrir su consumo interno de azúcar y depende de importaciones.

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¿Cómo ha manipulado el régimen cubano la historia para mantenerse en el poder?

El régimen cubano ha manipulado la historia al acomodar los hechos históricos a sus intereses, presentando la Revolución de 1959 como la máxima aspiración de todos los cubanos y excluyendo a cualquier opositor como "gusano" o "apátrida". Los libros de texto post-1959 omiten imágenes del período republicano anterior, ocultando su prosperidad, para justificar el discurso del régimen. Esta recodificación del lenguaje político y la manipulación visual han sido instrumentos para perpetuarse en el poder.

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