Dejó su trabajo para salvar a su padre: la lucha de una hija que logró liberarlo de Alligator Alcatraz

Arianne Betancourt renunció a su trabajo y luchó seis meses para liberar a su padre cubano de Alligator Alcatraz mediante un recurso de habeas corpus.



Joven cubana y su padre © Captura de video /X
Joven cubana y su padre Foto © Captura de video /X

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Arianne Betancourt, ciudadana estadounidense de 33 años, renunció a su empleo y dedicó seis meses de su vida a una sola causa: sacar a su padre cubano del polémico centro de detención migratoria Alligator Alcatraz, en Florida, donde Justo Betancourt fue recluido tras acudir a una cita de rutina con las autoridades de inmigración.

Justo, de 55 años, llegó a Estados Unidos como adolescente en 1990 y llevaba más de tres décadas en el país cuando ICE lo detuvo el 29 de octubre de 2025 en Miramar, Florida, junto a otros 15 hombres que hacían fila con él en la misma cita.

Arianne lo esperaba en el coche cuando comprendió lo que había ocurrido: «Apareció una mujer gritando que su esposo la había llamado para decirle que lo habían detenido a él y a los otros 15 hombres que estaban haciendo fila con él».

Desde ese instante, la hija mayor de Justo no se detuvo.

Tres días después de la detención ya participaba en vigilias frente al centro, organizadas por Workers Circle, una organización sin fines de lucro que apoya la justicia social en comunidades judías y que lleva a cabo estas vigilias desde julio de 2025.

Arianne llevaba 10 años trabajando en la industria del turismo, pero la situación la obligó a renunciar cuando le informaron que deportarían a su padre a México, a pesar de ser cubano.

«Me dijeron que él tendría que irse a México. Prácticamente, lo que hice fue renunciar a mi trabajo y prepararme para meter todas mis cosas en el coche, conducir hasta allá y reunirme con él», declaró.

México rechazó a Justo por motivos de salud: padece diabetes tipo 2, hipertensión y esquizofrenia, y durante su detención sufrió lo que se sospecha fue un derrame cerebral, sin que su familia ni su defensa legal fueran notificadas.

«Nunca se me informó que mi padre había sufrido un derrame; tampoco se informó a la defensa legal. No tenemos acceso a los registros de las ocasiones en que fue hospitalizado durante su detención», denunció Arianne.

Al ser rechazado por México, Justo regresó a Alligator Alcatraz, y Arianne redobló su activismo: organizó vigilias en el sur de Florida, viajó a protestas en otras ciudades y lanzó una campaña en GoFundMe que recaudó más de 18.600 dólares con 447 donantes para cubrir gastos médicos y de rehabilitación.

La liberación llegó el 15 de mayo de 2026, en la madrugada, en el Centro de Procesamiento Krome North, en Miami, tras un recurso de habeas corpus que el juez federal Kyle Dudek concedió el 13 de mayo, determinando que la detención había sido errónea.

Lo que Arianne encontró al ver bajar a su padre de la furgoneta la dejó destrozada: «En el momento en que lo vi bajar de la furgoneta, y vi lo delgado que estaba, y lo mucho que le costaba dar cada paso... estoy feliz de que esté en casa, pero también estoy furiosa por el estado en que se encuentra».

Días después de su liberación, Justo fue hospitalizado de nuevo con sospecha de mini-derrames cerebrales; los médicos no pudieron realizarle una resonancia magnética porque el grillete electrónico en su tobillo lo impedía.

El caso tomó una dimensión política inesperada cuando el presidente Donald Trump publicó el pasado lunes en Truth Social un mensaje celebrando la liberación: «Bienvenido a casa, Justo Betancourt, cuya hija, Arianne, luchó incansablemente para liberar a su padre de la prisión de Alcatraz».

La familia reaccionó con desconcierto ante ese gesto, según recoge la reacción de la familia cubana.

Arianne fue directa: «Es una sorpresa porque nunca he apoyado estas políticas. Siempre he estado en contra. Es muy confuso. Creo que tiene mucho que ver con el clima político actual en Cuba y la importancia de conservar el voto cubano».

A pesar del agotamiento y de haber perdido su empleo, Arianne no lamenta nada: «Tuve que dejarlo todo y empezar de nuevo. Sabes que da miedo, pero valió la pena, porque mi papá está conmigo».

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