La divulgadora científica española Inés Moreno Sánchez, conocida en redes como La Traumatóloga Geek, ha rescatado del olvido la figura de Joaquín María Albarrán y Domínguez, el médico cubano nacido en Sagua la Grande que revolucionó la urología moderna a finales del siglo XIX y principios del XX.
Moreno Sánchez —médica especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología— resume la historia de Albarrán con una frase que define su tragedia: «Descubrió cómo salvar millones de vidas, lo nominaron tres veces al Premio Nobel, y apuesto a que no sabes quién es».
La divulgadora explica que, en la época de Albarrán, introducir un tubo en la vejiga equivalía a una sentencia de muerte por infección, pero él transformó ese panorama y abrió nuevas posibilidades para salvar vidas.
El médico cubano inventó las cateterizaciones selectivas —«tubos que entraban en los uréteres sin destruir nada, sin infecciones, diagnósticos que antes eran imposibles, ahora son rutina»— y desarrolló el cistoscopio moderno, que permitía ver el interior de la vejiga en tiempo real. «Hoy es el estándar mundial», subraya la comunicadora.
Sobre el Nobel, Moreno Sánchez apunta que los premios «fueron para europeos, que replicaron su trabajo, pero con mejor marketing y pasaporte francés», y concluye: «Albarrán era cubano y eso en 1910 significa invisibilidad».
El vídeo contiene, no obstante, un error factual relevante: la divulgadora afirma que Albarrán «murió en La Habana en 1923, casi en la pobreza», dato que contradice todas las fuentes académicas consultadas, que sitúan su fallecimiento en Arcachón, Francia, el 17 de enero de 1912, a los 51 años, víctima de tuberculosis y diabetes.
Quién fue Joaquín Albarrán
Albarrán nació el 9 de mayo de 1860 en Sagua la Grande, Cuba, entonces colonia española. Quedó huérfano a los 12 años y fue enviado a Barcelona bajo la tutela de su padrino, el cirujano Joaquín Fábregas.
Se licenció en Medicina con solo 17 años en 1877, con calificación de sobresaliente en todas las asignaturas, y obtuvo el doctorado en Madrid con premio extraordinario por su trabajo sobre el contagio de la tuberculosis.
El cubano se instaló posteriormente en París y allí revalidó su carrera. En 1883 obtuvo por oposición, con el número uno, una plaza de médico interno en los hospitales parisinos. En 1888 se incorporó al servicio del profesor Félix Guyon en el Hospital Necker para especializarse en vías urinarias.
Al retirarse Guyon, en 1906, lo sucedió como catedrático de Urología de la Universidad de París, convirtiéndose en el profesor titular más joven de la Facultad de Medicina de la capital francesa. Hablaba cinco idiomas y era considerado, según la Asociación Española de Urología, como una «autoridad mundial en cirugía del aparato urinario».
Joaquín Albarrán y su admiración por Cuba
Albarrán nunca perdió el vínculo con la tierra donde nació, a pesar de que desarrolló prácticamente toda su carrera profesional fuera de Cuba.
Durante una visita a la Isla en septiembre de 1890, sus colegas cubanos le ofrecieron un homenaje en el que aprovechó para expresar su deseo de que el país contara con las condiciones necesarias para impulsar el desarrollo científico.
«Brindo, señores, porque se le den a Cuba los elementos que le faltan para su completo desarrollo científico y por el porvenir de la ciencia, que tendrá consigo el porvenir moral y material de la tierra en que nacimos», expresó.
Por esos mismos años, el semanario El Fígaro recogió declaraciones en las que el médico explicaba que, aunque las circunstancias de la vida lo habían llevado a adoptar la ciudadanía francesa para avanzar en su carrera, nunca había renunciado a su identidad cubana.
«Nunca olvido que soy cubano y siempre tenderán mis esfuerzos a hacerme digno de la patria en que nací», dijo.
Contribuciones de Joaquín Albarrán a las ciencias médicas
Sus contribuciones perduran bajo su propio nombre, como el síndrome Albarrán-Ormond, las glándulas de Albarrán, la prueba de Albarrán, la enfermedad de Albarrán, y el uretrótomo de Albarrán. Suman al menos ocho epónimos médicos que llevan su apellido.
Este destacado cubano fue el primer cirujano en Francia en realizar una prostatectomía radical perineal. También recibió la Orden de la Legión de Honor y presidió el Primer Congreso Internacional de Urología en 1908.
Albarrán fue nominado al Premio Nobel de Medicina en 1912, el mismo año de su muerte. Sus restos descansan en el cementerio del Père-Lachaise de París.
La Asociación Española de Urología lo define como «una de las figuras de mayor trascendencia científica de la Urología reconocida internacionalmente». Sus investigaciones «marcaron un hito, por su alta calidad y brillantez de exposición».
Preguntas frecuentes sobre Joaquín Albarrán y su legado en la urología moderna
CiberCuba te lo explica:
¿Quién fue Joaquín Albarrán y por qué es importante en la historia de la medicina?
Joaquín Albarrán fue un médico cubano que revolucionó la urología moderna a finales del siglo XIX y principios del XX. Albarrán inventó las cateterizaciones selectivas y desarrolló el cistoscopio moderno, permitiendo procedimientos que antes eran imposibles y mejorando significativamente los diagnósticos y tratamientos en urología.
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¿Por qué Joaquín Albarrán nunca ganó el Premio Nobel de Medicina?
A pesar de ser nominado tres veces, Joaquín Albarrán nunca ganó el Premio Nobel de Medicina porque los premios fueron otorgados a europeos que replicaron su trabajo con mejor marketing y pasaporte francés. La invisibilidad de Albarrán en 1910, siendo cubano, fue un factor determinante para que no recibiera el reconocimiento internacional que merecía.
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¿Cuáles fueron las contribuciones más destacadas de Joaquín Albarrán a la medicina?
Joaquín Albarrán contribuyó significativamente a la urología con la invención de las cateterizaciones selectivas y el desarrollo del cistoscopio moderno. También dejó un legado de epónimos médicos, como la uña de Albarrán, el síndrome Albarrán-Ormond y el uretrótomo de Albarrán, entre otros.
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¿Dónde y cuándo falleció Joaquín Albarrán?
Joaquín Albarrán falleció en Arcachón, Francia, el 17 de enero de 1912, a los 51 años, víctima de tuberculosis. Este dato es importante porque existe un error común que indica incorrectamente que murió en La Habana en 1923.
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