Un cubano que vende en plena calle objetos rescatados de la basura —mangueras, libros, discos— resume con una frase la profundidad de la crisis que vive la isla.
«Todo ahora mismo, prácticamente todas estas cosas que tenemos aquí, todo es de la basura», dijo el joven a la cámara, en un reportaje del periodista Alexis Boentes, de Telemundo 51.
El vendedor, apostado en un portal como hacen cientos de personas en La Habana y otras ciudades cubanas, no intenta ocultar el origen de su mercancía.
«Una manguera, un libro, un disco, hasta un absorbente. ¿Para qué la gente va a querer un absorbente que uno se encontró? Todos lo saben, están conscientes de que viene de la basura lo que vendemos», explicó.
Lo que más llama la atención no es solo la mercancía, sino la demanda: el propio vendedor señala que el tránsito de compradores no para.
«No es que están ajenos o no saben nada. Ellos están conscientes de que nosotros lo encontramos y lo ponemos ahí a la venta para ganar algo de dinero», añadió.
Esta estampa se repite a diario en las aceras y portales de la capital cubana. Las calles de La Habana llevan años llenas de merolicos que ofrecen electrodomésticos dañados, cables, teléfonos viejos y piezas reutilizadas, ocupando espacios públicos y dificultando el tránsito peatonal en zonas ya deterioradas por basura acumulada y escombros.
La práctica incomoda a los transeúntes y degrada visualmente un paisaje urbano que ya acusa décadas de abandono, pero para quienes venden no hay alternativa: es supervivencia pura.
Boentes resumió el fenómeno en la descripción de su video: «En plena crisis en Cuba, la basura de unos se convierte en tesoro para otros».
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