Las organizaciones Sodepaz y Medicuba España fabricaron en días recientes 13 cocinas de concentración solar en un taller celebrado en Torrejón de Ardoz, Madrid, con destino a escuelas de Santiago de Cuba que atienden a menores sin amparo filial, según informó Sodepaz en su perfil de Facebook.
El taller se impartió en la nave compartida de ambas organizaciones y contó con dos monitores y diez participantes que, en una sola jornada, lograron construir los 13 dispositivos.
Las cocinas se fabrican con cartón y papel de aluminio, son desmontables y fáciles de trasladar.
Para su funcionamiento se necesita una olla metálica oscura y un recipiente de vidrio que genera el efecto invernadero necesario para concentrar el calor solar, explicó Sodepaz en su publicación.
Al finalizar el taller, se probaron dos cocinas en el patio del local y se comprobó que el agua llegaba a la ebullición en pocos minutos.

«Gracias a este sistema es posible cocinar alimentos aprovechando únicamente la energía del sol, sin necesidad de electricidad, gas o leña», reseñó Cubadebate al hacerse eco de la noticia.
«Las cocinas serán enviadas en el mes de julio a escuelas de Santiago de Cuba con niñas y niños sin amparo filial», confirmó la organización.
A nivel nacional se estiman unos 2,500 menores viviendo en hogares sin amparo filial en Cuba, con el Estado cubriendo solo las necesidades más básicas.
La iniciativa combina cooperación internacional, sostenibilidad y participación ciudadana, y se enmarca en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 de la Agenda 2030, que busca garantizar el acceso universal a energía asequible y tecnologías limpias de cocción para los 2,300 millones de personas que aún carecen de ellas.
La llegada de cocinas solares fabricadas con cartón y papel de aluminio para cubrir necesidades básicas de alimentación en escuelas cubanas ilustra hasta qué punto la crisis energética ha transformado la vida cotidiana en la isla.
Lo que en otros contextos se presenta como una tecnología ecológica o educativa, en Cuba se convierte en una herramienta de emergencia ante la imposibilidad de acceder de forma estable a electricidad, gas o combustible.
Reacciones encontradas en redes sociales
La publicación del taller generó numerosas reacciones.
Las opiniones más críticas pusieron el foco en el trasfondo de la noticia. Algunos comentaristas cuestionaron que la solución para cubrir necesidades básicas en Cuba pase por cocinar con dispositivos fabricados con cartón y papel de aluminio.
Otros sostuvieron que el hecho de que organizaciones extranjeras tengan que enviar cocinas solares a escuelas cubanas, refleja el deterioro acumulado de la infraestructura energética nacional tras décadas de mala gestión económica y dependencia de aliados políticos externos.
Entre los comentarios favorables, algunos usuarios felicitaron a los organizadores y consideraron que este tipo de iniciativas debería extenderse dentro de Cuba.
«Sería bueno que dieran una instrucción en Cuba a emprendedores e instituciones para hacer posible su aplicación», escribió un internauta, destacando el potencial práctico de la tecnología.
Otros defendieron el proyecto como una respuesta concreta a las dificultades cotidianas que enfrentan millones de cubanos.
El debate reflejó dos visiones contrapuestas.
Mientras unos ven estas cocinas como un ejemplo de resiliencia, creatividad y solidaridad internacional frente a una situación de emergencia, otros las interpretan como una evidencia del profundo retroceso económico y tecnológico de la isla, donde la incapacidad del Estado para garantizar servicios básicos ha obligado a miles de familias a recurrir a métodos alternativos de cocción propios de contextos de crisis humanitaria.
El contexto: Cuba sin electricidad ni combustible
El proyecto llega en el peor momento energético de Cuba en décadas.
En 2026, el déficit de generación eléctrica ha superado de forma sostenida los 2,000 megavatios, con apagones que alcanzan las 19 y 22 horas diarias en La Habana y en provincias del interior, respectivamente.
El 14 de mayo se registró un récord de 2,174 MW de déficit, afectando al 70% del país.
La crisis se agravó tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026, que cortó el suministro venezolano de entre 25,000 y 35,000 barriles diarios de crudo, y la simultánea suspensión de envíos mexicanos, privando a Cuba del 44% de sus importaciones de petróleo.
Ante el colapso, el propio Miguel Díaz-Canel pidió el 30 de marzo garantizar «materiales para la cocción, desde carbón vegetal hasta leña», convirtiendo el recurso a combustibles alternativos en política pública explícita.
En ese escenario, los cubanos han recurrido a las cocinas solares como alternativa de supervivencia ante los apagones prolongados. En mayo, una tienda privada en Centro Habana vendía a 135 dólares cocinas solares parabólicas importadas de China
Una trayectoria de cooperación con Cuba
Sodepaz, fundada el 28 de septiembre de 1986 y con sede en Rivas-Vaciamadrid, y Medicuba España -integrada en la red MediCuba-Europa, presente en 13 países europeos- tienen una larga historia de colaboración con la isla.
En 2025 enviaron conjuntamente 13 contenedores a Cuba, incluyendo uno de 40 pies en marzo de ese año, valorado en 135,000 euros con destino a Santiago de Cuba, con el flete financiado por el Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid.
La nueva donación llega en un momento en que miles de cubanos han normalizado cocinar con carbón, leña, alcohol o energía solar para suplir las carencias de un sistema eléctrico colapsado.
Mientras las organizaciones solidarias destacan el valor ambiental y comunitario de estas tecnologías, la necesidad de recurrir a ellas para cubrir necesidades básicas evidencia la gravedad de una crisis energética que el gobierno cubano no ha logrado resolver y que continúa deteriorando la calidad de vida de la población.
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