José Antonio González, cubano de 51 años, fue deportado a México en diciembre de 2025 tras casi cuatro décadas viviendo en Estados Unidos, por delitos que cometió siendo menor de edad en los años 90. Él cumplió su condena y rehizo su vida, pero a los 51 años ha tenido que empezar de cero lejos de los suyos.
González llegó a Estados Unidos en enero de 1987, a los nueve años, cruzando por la frontera de Canadá. Desde entonces construyó su vida allí: trabajó, pagó impuestos y fue el sostén de su familia.
«Para mí ha sido un cambio muy drástico porque toda mi vida la tuve en Estados Unidos. Yo era el soporte de mi familia. Mi mamá de 82 años dependía de mí, mis hijos, mi mujer. Para mí ha sido demasiado», relató en entrevista.
Sobre los delitos que motivaron su deportación, fue directo: «Cuando yo era joven cometí mis errores. Me sentenciaron en 1994, cumplí mi tiempo, salí en el 2001, pero ya. Nunca tuve más problemas. Trabajé, pagué mis taxes y me dediqué a mi familia». Según sus propias palabras, no cometió delitos graves ni violentos, y reitera, fue en su etapa de adolescente.
El proceso de deportación comenzó cuando acudió a una cita rutinaria de migración donde ICE lo detuvo. «Un día fui a migración y ahí me detuvieron. Me tuvieron seis meses detenido y sin firmar nada, obligado. Me deportaron obligado», explicó.
Tenía un formulario I-220B, una orden de supervisión que indica que existe una orden final de deportación pendiente de ejecución. El abogado Willy Allen, consultado previamente, fue categórico al referirse a estos casos: «Los I-220B, que era el caso tuyo, no había nada que hacer y él les aconsejaba que se marcharán voluntariamente de Estados Unidos".
ICE entrevistó en tres ocasiones a José Antonio González pidiéndole que firmara voluntariamente su salida. En las dos primeras se negó. «En la tercera me dijeron firme o no firme, a las malas o a las buenas, te vas», dijo en entrevista con Tania Costa en CiberCuba.
La deportación se ejecutó de noche. «Una noche me fueron a buscar; me esposaron, me montaron en una guagua y para la frontera. Llegando a la frontera, me entregaron a la autoridad de México», describió.
Desde la frontera, las autoridades mexicanas lo trasladaron en autobús durante 36 horas hasta Tabasco, donde fue liberado de madrugada. Allí le informaron que tenía 10 días para presentarse ante la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (COMAR). Tras pasar una noche en un hotel, viajó por su cuenta a Cancún.
Los seis meses en el centro de detención en Texas fueron devastadores: «Horrible. La comida malísima, el trato malísimo. Y la atención médica también, malísima también. La comida es pésima, porque hasta gusanos algunas veces vienen adentro de la comida».
Su madre de 82 años permanece en Estados Unidos viviendo con su hermano. Quiere visitarlo, pero su edad avanzada se lo dificulta. Su esposa e hijos, todos ciudadanos estadounidenses, también quedaron al otro lado de la frontera.
El caso de José Antonio González no es aislado. Según un informe de Human Rights Watch publicado el 27 de mayo de 2026, entre el 20 de enero de 2025 y el 9 de marzo de 2026, la administración Trump deportó a más de 4,300 cubanos a México. El 26% de ellos no tenía antecedentes penales y solo el 16% tenía como condena más grave un delito violento.
Él mismo comentó en CiberCuba que en su misma situación hay una veintena de cubanos, algunos de ellos 'marielitos', con más de cuarenta años viviendo en Estados Unidos. También hizo referencia a un cubano I-220A que fue deportado a México con un proceso de asilo pendiente.
Ahora José Antonio González planea solicitar un perdón migratorio para regresar legalmente a Estados Unidos, el único país que considera su verdadero hogar: «Este país no está malo, pero no me adapto», dijo al ser preguntado por su estancia en México.
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