La periodista cubana Martha María Montejo, residente en Texas, regresó hace una semana de un viaje de diez días a Bayamo, donde vive su mamá, con un testimonio demoledor: pasó 240 horas en Cuba y solo disfrutó de 20 horas de electricidad, lo que representa menos del 10% de su estancia en la Isla.
Montejo, quien viaja a Cuba al menos una vez al año para visitar a su madre, de avanzada edad, y a su familia, resume la experiencia en tres palabras: «Tristeza, miseria y precariedad».
«Cada vez que voy pienso: 'No puede ser peor que esto que se está viviendo. Y resulta que cada vez que regreso es peor. Siempre hay un grado más de miseria, de precariedad», afirmó en una entrevista con Tania Costa.
La periodista rechaza de plano el término «apagones» para describir lo que vivió. «No pienso que sea un país que tiene apagones. Yo pienso que es un país sin electricidad. Porque si tenemos apagones es que tenemos un sistema que está en la entrega de la energía eléctrica. Pero no es así», explicó.
Los últimos dos días de su estancia fueron los más extremos: más de 48 horas consecutivas sin ningún suministro eléctrico.
La ausencia de electricidad arrastra consigo los problemas del acceso al agua. Montejo explica que el sistema de abastecimiento en Bayamo depende de bombas eléctricas que extraen agua de pozos, y que ese líquido —que ya no es potable— llega a las tuberías cada dos o tres días en forma de «un ligero hilo». El problema se agrava porque ese escaso caudal rara vez coincide con las pocas horas en que hay corriente.
Montejo también apunta a una paradoja del propio régimen: el programa gubernamental de electrificación de cocinas domésticas, impulsado hace años para reducir el consumo de gas, aumentó la dependencia energética de los hogares y hace aún más crítica la situación actual, cuando la luz brilla por su ausencia.
El testimonio de Montejo coincide con datos verificables sobre la crisis en la provincia de Granma. El mismo día en que ella regresó de Cuba, la Empresa Eléctrica de Granma advertía que solo generaba un tercio de lo necesario, con el circuito 4117 acumulando más de 45 horas consecutivas sin servicio. El 14 de mayo, toda la provincia de Granma quedó sin electricidad tras una falla en la línea Contramaestre-Bayamo, con un déficit nacional récord de 2,174 MW.
La crisis del agua tampoco es exclusiva de Bayamo. Según datos oficiales cubanos, casi tres millones de cubanos sufren escasez de agua sin acceso regular al suministro, mientras cerca de 10 millones padecen un abastecimiento intermitente. El sistema hidráulico operaba en mayo con apenas el 37% del combustible necesario para bombear.
El 5 de junio, en plena estancia de Montejo en Bayamo, el régimen movilizó «combatientes» para explicar los apagones a la población, una respuesta política ante una crisis que el propio ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció en mayo como «aguda, crítica» y «extremadamente tensa» por falta de combustible.
«Hay una tristeza muy grande», concluyó Montejo, quien no encontró palabras más precisas para describir la Cuba que dejó atrás.
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