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Un fogón improvisado con una llanta vieja, leña ardiendo en el pasillo y una columna de humo que impregna ropa, paredes y pulmones: así lleva cinco meses funcionando el SAF 0204 Villanueva, en el municipio habanero de Boyeros, uno de los más de 1,400 comedores comunitarios que el régimen cubano mantiene para alimentar a sus ancianos más vulnerables.
Según un reportaje del oficialista Cubadebate, el gas licuado dejó de llegar hace cinco meses, y los cocineros tuvieron que improvisar para no interrumpir el servicio ni un solo día.
El relato, publicado el martes por el medio estatal, pretende mostrar la «resistencia» del Sistema de Atención a la Familia (SAF), pero lo que describe en realidad es la precariedad extrema en que sobreviven decenas de miles de cubanos mayores, abandonados por un Estado que ya no puede garantizarles ni una olla de gas.
El SAF 0204 Villanueva atiende a 129 comensales. Bárbara Mediaceja Hernández, directora de Servicios de la Filial de Comercio de Boyeros, reconoció que los negocios privados del barrio dejaron de colaborar desde diciembre de 2025.
«Aquí no. Hasta diciembre del año pasado ayudaban. Pero después no quisieron más. Dicen que les caen muchos inspectores, que les ponen muchas multas. Yo los entiendo, pero la verdad es que no ayudan», admitió.
En el SAF «El Río», en el municipio Plaza de la Revolución, la situación no es muy distinta. Cuatro trabajadores —administradora, ayudante de cocina, cocinero y custodio— sostienen un servicio que este mes atiende a 84 adultos mayores, con tres turnos diarios: desayuno, almuerzo y comida.
«Trabajamos de lunes a lunes, no tenemos descanso», dijo Liliam de la Rosa Domínguez, su administradora.
Para cubrir los vacíos del Estado, «El Río» depende de donaciones del Programa Mundial de Alimentos —arroz, aceite y chícharos—, del respaldo de ETECSA Norte como empresa «madrina» y del pan que una mipyme privada dona dos veces por semana sin cobrar.
«Ese pan no se cobra, es gratis. Ahora estamos afectados con la harina, sin embargo, ellos siguen comiendo su pan», señaló Liliam.
Este cuadro de supervivencia se enmarca en una crisis demográfica y social sin salida visible. Cuba es el país más envejecido de América Latina: al cierre de 2024, el 25,7% de su población tenía 60 años o más, con picos del 29,1% en Villa Clara y del 28,1% en La Habana. La emigración masiva redujo la población efectiva a 9,74 millones en 2025, más de un 10% menos que en 2020, dejando a miles de ancianos sin familiares que los cuiden.
Las pensiones, aunque el régimen las incrementó en septiembre de 2025 hasta un mínimo de 3,056 pesos, resultan una burla frente a la inflación: un cartón de 30 huevos cuesta alrededor de 3,000 pesos, el equivalente a una pensión mensual completa.
El 99% de los jubilados cubanos no cubre sus necesidades básicas de alimentación, vivienda y medicamentos, según una encuesta de noviembre de 2025.
El propio Cubadebate, sin proponérselo, resumió la tragedia: «Para ellos el SAF es muchas veces lo único que tienen. Es el único plato de comida caliente del día. Es la única mano que les tiende el Estado».
Este miércoles, cubanos en redes sociales arremetieron contra el medio oficialista por presentar el sistema con «información inflada» y acusaron al régimen de maquillar una realidad que sus propias fotos —el fogón de leña, el humo, las paredes tiznadas— se encargaron de desmentir.
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