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La policía de Pinar del Río desarticuló una valla clandestina de peleas de gallos en el poblado de Herradura, municipio de Consolación del Sur, según informó el perfil oficialista de Facebook «De Pinar soy».
La publicación -de tono moralizante- no mencionó el maltrato animal que implica esa actividad, sino que justificó la operación argumentando que las vallas «promueven el desorden público», incitan al consumo de alcohol y drogas, y «facilitan el desarrollo de males sociales como la prostitución».
El mensaje cerró con una advertencia: «Las LEYES están para cumplirse», recordando que los infractores enfrentan multas, citaciones y «el encierro en prisión».
La doble moral del Estado
Lo que el perfil oficialista omitió es que el propio régimen opera peleas de gallos de forma legal a través de ALCONA S.A., empresa adscrita al Grupo Empresarial Flora y Fauna y vinculada al histórico comandante Guillermo García Frías.
El Decreto-Ley 31/2021 de Bienestar Animal prohíbe inducir el enfrentamiento entre animales, pero incluye una excepción para las peleas autorizadas por la autoridad competente, lo que en la práctica permite que ALCONA opere clubes gallísticos legales mientras la policía persigue las vallas clandestinas.
Los cubanos no tardaron en señalar esa contradicción. «¿Y por qué no tocan la del gallero mayor, el promotor de las peleas de gallos? Guillermo García», preguntó un usuario.
Otro fue más directo: «Doble moral, esos pertenecen a la empresa estatal Flora y Fauna, que no es nada más que una empresa de enriquecimiento... Esos no podemos tocarlos».
Un tercer comentarista resumió la percepción generalizada: «Lo que no quieren es competencia, las vallas clandestinas generan ingresos a muchas familias... y tienen mejor seguridad en un mismo ambiente que las vallas del estado».
Acusaciones de corrupción policial
Varios usuarios cuestionaron los motivos reales del operativo.
«Eso lo hicieron porque el dueño de la valla no le pagó al jefe de los policías, no cumplió el contrato», escribió uno, insinuando que la intervención respondió a un ajuste de cuentas por corrupción y no al cumplimiento de la ley.
La desconfianza se extendió al tema de la delincuencia real.
«Mientras tanto el ladrón al pecho y sin miedo hasta de día porque es más importante una valla de gallo y 4 motos con reductor... qué locura», reprochó un internauta, lamentando que la policía no enfatice en otro tipo de delitos.
Otro relató su experiencia: «A mí me robaron todo en mi casa... tuvieron al principal sospechoso trancado dos días y lo soltaron porque no confesó nada... los ladrones ya están autorizados».
La conclusión de muchos fue la misma: «Capturar a los ladrones conlleva sacrificios... es más rico coger lo fácil».
Un escape ante la crisis
En un municipio que sufre apagones y escasez crónica, los cubanos defienden las vallas como uno de los pocos espacios de entretenimiento disponibles.
«Al menos en eso se entretienen en las peleas de gallo, porque sin corriente, sin comida, le zumba el mangón», escribió un comentarista.
La tradición gallística en Cuba tiene raíces documentadas desde 1737. El Código Penal tipifica los juegos prohibidos en el artículo 251, con penas de uno a cuatro años para organizadores y de tres a nueve meses o multa para participantes.
En enero de 2021, la policía decomisó a un ciudadano 423,000 pesos y 58 gallos finos en una causa similar.
La organización BAC-Habana denunció en noviembre de 2025 que las peleas de gallos en Cuba no son clandestinas sino amparadas por el propio régimen a través de ALCONA S.A. Poco después, el banco cubano bloqueó la cuenta de la organización.
La respuesta de los cubanos al operativo en Herradura fue contundente: «Rompieron esa, hacemos 5 más, definitivamente esto es lo que nos gusta a nosotros».
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