De la estafa comercial a la estafa política

En Cuba, la estafa política consiste en presentar al Partido Comunista con la Patria, la farsa electoral como elecciones democráticas y a la obediencia forzada como apoyo popular verdadero



Díaz-Canel continúa aferrado a las consignas mientras proliferan basureros por toda Cuba. © CiberCuba
Díaz-Canel continúa aferrado a las consignas mientras proliferan basureros por toda Cuba. Foto © CiberCuba

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Las redes sociales funcionan como un enorme mercado global. En ellas se ofrecen productos útiles, servicios reales y oportunidades legítimas. Pero también proliferan los engaños: aparatos que prometen milagros, curas imposibles, inversiones “garantizadas”, tiendas falsas y supuestos inventos que resuelven en minutos problemas que la ciencia y la industria llevan décadas enfrentando.

Uno de los fraudes más difundidos es el dispositivo que asegura reducir hasta un 40% el consumo de gasolina. El anuncio afirma que las fabricantes ocultan un mecanismo para que el conductor gaste más y que un pequeño aparato lo corrige.

Esa afirmación es absurda: si un fabricante pudiera crear autos que consumieran un 40% menos de combustible, lo convertiría en su principal ventaja competitiva y generaría ganancias enormes. No lo mantendría en secreto durante décadas.

El engaño mezcla pseudociencia, conspiración y urgencia. Carece de pruebas independientes o certificaciones técnicas. Exige desconfiar de toda la industria y creer en un video emocional.

La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos informó que, en 2025, casi el 30% de quienes perdieron dinero en estafas señalaron que el fraude comenzó en redes sociales. Las pérdidas superaron los 2.100 millones de dólares. Más del 40% de esas víctimas iniciaron el engaño al comprar un producto anunciado en línea.

En las sociedades libres, la estafa comercial opera mediante el engaño. El estafador manipula confianza, esperanza o codicia con fotos falsas, celebridades inventadas o descuentos imposibles. Sin embargo, la víctima puede investigar, comparar, denunciar, pedir reembolso o alertar a otros. La responsabilidad principal corresponde al que miente.

Existe una forma de propaganda mucho más peligrosa: la que no solo engaña, sino que se sostiene con miedo y castigo. Esa es la propaganda de los regímenes totalitarios.

En Cuba, la estafa política consiste en presentar al Partido Comunista con la Patria, la farsa electoral como elecciones democráticas y a la obediencia forzada como apoyo popular verdadero.

La Constitución establece al Partido Comunista de Cuba como la “fuerza dirigente superior” de la sociedad y del Estado. Se prohíbe la existencia de otros partidos. Si no eres o finges ser comunista, no puedes aspirar a cargos políticos.

La diferencia esencial con la estafa comercial radica en la coacción. En una dictadura, abstenerse de participar en marchas, actos oficiales o en las falsas elecciones, puede generar consecuencias reales: marginación, acoso, pérdida de empleo, detención,  prisión, golpes y torturas. Varias prestigiosas organizaciones de derechos humanos han documentado detenciones arbitrarias, intimidación y represión contra opositores, activistas y críticos del régimen.

Muchas personas participan no por convicción, sino por temor a las represalias o para proteger a sus familias. No debe confundirse el miedo con el apoyo auténtico. Cuando la coacción se normaliza, algunos justifican lo que saben falso: “No es tan grave”, “Todos lo hacen”, “Hay que cumplir”, “es mejor evitarse problemas“, etc.

Václav Havel explicó en El poder de los sin poder que los sistemas totalitarios se construyen sobre mentiras y solo persisten mientras las personas aceptan vivir dentro de ellas. El pequeño comerciante que coloca un lema político en el que no cree no lo hace por convicción: lo hace para evitar problemas y demostrar obediencia. El régimen necesita participación visible, aunque sea fingida.

Las marchas obligadas, los mítines y las elecciones sin opciones no buscan convencer: exhiben obediencia. No representan a la nación: pretenden apropiársela y fabrican falsa unanimidad para intimidar a quienes disienten.

La respuesta a la estafa comercial es verificar, investigar y negarse a pagar por promesas vacías.
La respuesta a la estafa política exige algo más profundo: romper con la vida en la mentira, con la dañina obediencia y no participar de las organizaciones y actividades que sostienen al opresor.

Vivir en la verdad significa defender tu dignidad, decir lo que sientes, luchar por tus derechos y por la libertad y el bienestar de la nación. No permitas que te estafen con falsa propaganda comercial ni seas dócil instrumento de una criminal dictadura.

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José Daniel Ferrer García

José Daniel Ferrer García (Palma Soriano, 1970). Coordinador de UNPACU y presidente del Partido del Pueblo.






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