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El régimen cubano anunció este viernes, en el marco del Primero de Mayo, haber recolectado 6.230.973 firmas en la campaña «Mi Firma por la Patria», presentada como un respaldo popular a la soberanía nacional y al rechazo al embargo estadounidense.
La cifra fue proclamada por la Presidencia de Cuba con el mensaje «¡Más de 6 millones de cubanos dieron su firma por la Patria!»
Los libros con las firmas fueron entregados formalmente a Miguel Díaz-Canel durante el acto central del Primero de Mayo, celebrado este año en la Tribuna Antiimperialista José Martí, frente a la Embajada de Estados Unidos en el Malecón habanero, y no en la tradicional Plaza de la Revolución, bajo el argumento de «austeridad» ante la crisis energética.
La campaña fue lanzada el 19 de abril por el Partido Comunista de Cuba, coincidiendo con el 65 aniversario de la Batalla de Playa Girón, aunque el régimen la presentó como una iniciativa espontánea de la sociedad civil.
Díaz-Canel fue el primero en firmar el 20 de abril, en el Museo Memorial de Ciénaga de Zapata, Matanzas, declarando que «la Revolución cubana jamás negociará sus principios».
Sin embargo, la campaña estuvo marcada desde el inicio por denuncias de coerción sistemática.
Testimonios recogidos por medios independientes documentan que directivos de empresas estatales fueron obligados a garantizar al menos el 80% de firmas entre sus trabajadores, con amenazas de despido para quienes se negaran.
Un testimonio anónimo lo resumió sin rodeos: «La firma es obligatoria en centros de trabajo, si no firmas ya sabes, a la calle».
También se reportaron presiones en bodegas, escuelas, universidades y a través de los Comités de Defensa de la Revolución.
Una cubana que se negó públicamente a participar el 24 de abril lo calificó de «un nuevo circo del gobierno», con la frase «Mi dignidad no se firma». Días después, otro cubano plantó cara a su CDR y rechazó participar en un caso que se volvió viral.
Pese a que el régimen insistía en el carácter espontáneo de la iniciativa, la Unión de Jóvenes Comunistas la promovió activamente en redes sociales, contradiciendo esa narrativa.
El acto del Primero de Mayo fue dedicado al centenario del natalicio de Fidel Castro, el 65 aniversario de Playa Girón y el XXII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba. Díaz-Canel marchó al frente junto a su esposa Lis Cuesta, el canciller Bruno Rodríguez, Roberto Morales Ojeda, el general Raúl Castro y representantes del Buró Político. El primer ministro Manuel Marrero Cruz convocó a la «carga al machete» y elogió a los trabajadores que «no se dejan».
La campaña se lanza en el peor momento económico de Cuba en décadas: el PIB se ha contraído un 23% desde 2019, el déficit de generación eléctrica supera los 1,900 MW, diez de las 16 plantas termoeléctricas están fuera de servicio y los apagones alcanzan hasta 24 horas diarias.
La maniobra tiene un antecedente directo: en 2002, el régimen de Fidel Castro organizó una recolección de ocho millones de firmas para declarar el socialismo «irrevocable» en la Constitución, como respuesta al Proyecto Varela del opositor Oswaldo Payá, que había reunido más de 11,000 firmas para exigir reformas democráticas. La Asamblea Nacional aprobó aquella reforma por unanimidad el 25 de junio de 2002.
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