Las alianzas cambian, la aspiración de los pueblos a vivir en libertad permanece

Muchos cubanos consideramos que Estados Unidos y todo Occidente, deben actuar con firmeza contra la maquinaria represiva, los negocios de la élite gobernante y las redes internacionales que sostienen a la dictadura cubana. Esa firmeza debe incluir sanciones severas y crecientes, apoyo directo a la sociedad civil, a la oposición prodemocrática, ayuda a los presos políticos, respaldo a los medios de prensa independientes y presión diplomática coordinada



Montaje creado por IA que representa. la UE y a EEUU alumbrando el futuro de Cuba. © CiberCuba
Montaje creado por IA que representa. la UE y a EEUU alumbrando el futuro de Cuba. Foto © CiberCuba

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La independencia de Estados Unidos fue posible por la combinación de voluntad interna, liderazgo, sacrificio popular y apoyo extranjero. Sin George Washington, el Congreso Continental, los milicianos, agricultores, comerciantes y las familias que sostuvieron la causa, no habría habido independencia. Pero sin Francia, España, Países Bajos y diversos actores del continente americano, la victoria habría sido mucho más difícil, más costosa y acaso imposible.

La ayuda francesa fue, probablemente, la más decisiva en el momento final de la guerra. Francia tenía motivos muy concretos para intervenir. Había sido humillada por Gran Bretaña en la Guerra de los Siete Años y había perdido importantes territorios en Norteamérica en 1763. Ayudar a los insurgentes norteamericanos significaba debilitar a su gran rival imperial. Pero junto a ese cálculo geopolítico existía también simpatía por las ideas de libertad, representación y derechos naturales que defendían los revolucionarios.

Benjamin Franklin desempeñó un papel esencial en París. Su diplomacia, unida a la victoria de los rebeldes en Saratoga, convenció al rey Luis XVI y a su gobierno de que los colonos podían ganar. El Tratado de Alianza de 1778 formalizó el apoyo francés con dinero, armas, oficiales, tropas y una poderosa flota.

Entre los protagonistas franceses sobresalen el marqués de Lafayette, joven aristócrata movido por idealismo y admiración hacia la causa americana; el conde de Rochambeau, comandante de las tropas francesas enviadas a América; y el almirante De Grasse, cuya flota cerró la salida británica por mar en Yorktown.

La combinación entre Washington, Rochambeau y De Grasse hizo posible el cerco que obligó a Cornwallis a rendirse en octubre de 1781. Francia aportó el golpe decisivo porque convirtió una rebelión colonial en una guerra internacional que Gran Bretaña tuvo que librar en varios frentes.

España, sin embargo, fue también indispensable. Madrid no se alió formalmente con Estados Unidos como lo hizo Francia, pero entró en guerra contra Gran Bretaña en 1779 como aliada de Francia. Sus razones fueron principalmente estratégicas: recuperar posiciones perdidas, proteger sus dominios americanos y debilitar a un adversario marítimo que amenazaba su imperio. El gran protagonista español fue Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana española.

Gálvez organizó campañas militares decisivas en el Golfo de México, tomó Baton Rouge, Mobile y Pensacola, y expulsó a los británicos de la Florida Occidental. Con ello impidió que Gran Bretaña concentrara más fuerzas contra Washington y los insurgentes. España también facilitó recursos, armas, pólvora, crédito y abastecimientos a través de La Habana, Nueva Orleans y otros puertos del imperio. La guerra no se decidió solamente en Yorktown: también se combatió y se sostuvo desde el Caribe, el Mississippi, el Golfo y las rutas comerciales hispanas.

Francia fue más determinante en la victoria militar final, especialmente por su marina, sus tropas y su papel en Yorktown. España fue esencial en el plano estratégico, financiero y territorial, al abrir nuevos frentes y golpear a Gran Bretaña en Florida, el Caribe y el Mediterráneo. Francia ayudó a ganar la batalla decisiva; España, a hacer posible que la victoria llegara en condiciones favorables.

Los Países Bajos también aportaron crédito, comercio y reconocimiento político. En la isla neerlandesa de San Eustaquio se dio en 1776 el primer saludo internacional a la bandera estadounidense, mientras banqueros holandeses concedieron préstamos importantes a la nueva república. Hubo, además, voluntarios europeos: el prusiano Wilhelm von Steuben, y los polacos Pulaski y Kosciuszko, entre otros movidos por ideales de libertad, aventura, romanticismo político o rechazo al poder británico.

La lección es clara: las causas nacionales necesitan voluntad interna, pero pueden triunfar o fracasar según el entorno internacional. Ningún pueblo puede delegar su libertad en fuerzas extranjeras; pero nadie sensato desprecia aliados, apoyo diplomático, recursos, información o presión internacional.

El régimen castrocomunista ha sobrevivido durante décadas gracias a ese mismo principio. La Unión Soviética lo sostuvo con subsidios, petróleo, créditos, armamento, asesores, inteligencia y respaldo político. Tras la desaparición soviética, el régimen venezolano de Hugo Chávez proporcionó petróleo, financiamiento, comercio preferencial y una alianza política que ayudó a prolongar la vida de la dictadura comunista. Esa dependencia quedó expuesta cuando cayó Nicolás Maduro el 3 de enero de este año.

Hoy el régimen de La Habana recibe distintos grados de respaldo diplomático, económico y político de Rusia, China, Vietnam, Irán, Corea del Norte y otros regímenes afines. Rusia ha declarado que seguirá "apoyando a Cuba", aunque sin precisar el alcance material de esa ayuda; China ha expresado apoyo político y disposición a brindar asistencia. Los gobiernos de México, Brasil, otros países latinoamericanos y varios países europeos, vienen ayudando a sobrevivir a la más vieja y criminal dictadura del hemisferio occidental. 

Por eso muchos cubanos consideramos que Estados Unidos y todo Occidente, deben actuar con firmeza contra la maquinaria represiva, los negocios de la élite gobernante y las redes internacionales que sostienen a la dictadura. Esa firmeza debe incluir sanciones severas y crecientes, apoyo directo a la sociedad civil, a la oposición prodemocrática, ayuda a los presos políticos, respaldo a los medios de prensa independientes y presión diplomática coordinada. Hoy 7 de julio ninguna nación democrática debe respaldar a la tiranía en el debate en la ONU sobre las sanciones estadounidenses.

Los mambises comprendieron que la lucha por la independencia cubana necesitaba de mucho valor propio, pero también de ayuda exterior. Máximo Gómez, Calixto García, José Miguel Gómez y otros patriotas vieron en la intervención estadounidense la vía para derrotar al colonialismo español, aunque Washington también actuara por intereses propios. Así funciona el mundo: los gobiernos rara vez se mueven por una sola razón. España apoyó a los insurgentes estadounidenses para debilitar a Gran Bretaña; Estados Unidos intervino en Cuba por razones humanitarias, estratégicas y económicas. Los intereses y las alianzas cambian, pero la aspiración de los pueblos a vivir libres permanece.

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José Daniel Ferrer García

José Daniel Ferrer García (Palma Soriano, 1970). Coordinador de UNPACU y presidente del Partido del Pueblo.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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