El exgobernador venezolano de Carabobo Henrique Fernando Salas-Römer (hijo del también exgobernador Henrique Salas-Römer Senior) responde a una de las preguntas más incómodas de la política latinoamericana: por qué la democracia se derrumba con tanta facilidad mientras los regímenes totalitarios parecen resistir cualquier embate del tiempo y la historia.
«Siempre me he preguntado cómo es posible que la democracia sea tan débil y tan fácil de extirpar y luego los totalitarismos son tan difíciles de arrancar. ¿Qué hacemos mal en democracia para que sea tan débil? Con un chasquido se va, en cambio a estos regímenes les das y siguen ahí», comentó la periodista Tania Costa al entrevistado Salas-Römer Jr., en directo, en CiberCuba.
La respuesta del exgobernador apunta a un problema esencialmente cultural. «El problema es que el ser humano cuando vive en libertad considera que eso vino gratis, que eso no le costó a nadie lograrlo y al final del día nos damos cuenta, cuando terminan llegando estos regímenes totalitarios, que la libertad tiene su costo».
El análisis del exgobernador de Carabobo —quien ejerció ese cargo entre 1996 y 2004 y entre 2008 y 2012— se produce en un momento de doble crisis regional: el séptimo apagón nacional en Cuba en 18 meses, ocurrido el 6 de julio de 2026, y la entrevista concedida por Raúl Guillermo Rodríguez Castro, «El Cangrejo», nieto de Raúl Castro, al diario estadounidense USA Today, en la que se ofreció a negociar con Trump el futuro de Cuba sin «sacrificar la revolución».
Salas-Römer Jr. advierte que tanto el régimen cubano como el venezolano operan en lo que describe como «modo supervivencia», conscientes de que van perdiendo el control de sus poblaciones. En el caso venezolano, señala con preocupación que Delcy Rodríguez —quien asumió como presidenta encargada el 5 de enero de 2026 tras la captura de Nicolás Maduro— está usando la aparente estabilización como táctica deliberada.
«Veo con preocupación el que la estabilización la está viendo Delcy Rodríguez y compañía como una manera de comprar tiempo para ver si se puede quedar para siempre y luego llega un nuevo gobierno demócrata y esa esperanza que ha tenido el pueblo venezolano se acabe».
Para respaldar ese temor, el exgobernador recurre al precedente del acercamiento de Barack Obama a Cuba, anunciado en diciembre de 2014. «En épocas de Obama, analizando cuando tomó algunas decisiones de acercamiento hacia Cuba, muchos creíamos que se estaba buscando una solución al problema tanto de Cuba como de Venezuela como de Nicaragua, pero más bien lo que hicieron fue unir lazos».
Salas-Römer también traza una red de conexiones que considera determinante para entender la persistencia de estos regímenes. «He querido dejar claro estos vasos comunicantes que son invisibles pero que existen entre el Foro de São Paulo y la Internacional Socialista en la cual hay financistas muy conocidos, como George Soros, están algunas fundaciones con muchísimo dinero que financian la hegemonía». Describe esa agenda como «contracultura, que va contra nuestra cultura judeocristiana y busca más bien el debilitamiento de la familia».
En ese marco, el exgobernador critica a la cúpula del Partido Demócrata estadounidense por estar, a su juicio, «tomada prácticamente por personas que están profundamente comprometidos con ideas que tienen que ver con esa izquierda radical que no busca resolver problemas», y que «no están atendiendo los principales problemas de la gente, que es la parte económica, la parte de comida».
Sobre el voto cubanoamericano, Salas-Römer coincide con Tania Costa en que «es difícil que los cubanos le den el apoyo a los demócratas entre otras cosas porque los demócratas no hacen nada por atraer voto cubano». Además, añade que aunque hay demócratas serios y respetables, él lamenta "que la cúpula del Partido Demócrata esté tomada por el ala más radical, lo que ahuyenta a un gentío".
La conductora de Transición en Cuba resumió el peso de este momento con una frase que sintetiza la angustia de quienes siguen de cerca ambas crisis: «Estamos todos pendientes... Con el corazón en un puño mirando lo que pasa en Venezuela, porque esa experiencia probablemente se aplicará en Cuba».
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