
El humorista Ulises Toirac compartió este jueves en su perfil de Facebook una anécdota que tituló «Semblanza sin destemplanza»: el relato vívido, divertido y sudoroso de lo que significa cruzar La Habana a pie y en riquimbili, en pleno julio, cargando unas cuarenta libras de peso.
El texto publicado en su Facebook arranca con una sentencia que cualquier habanero suscribiría sin dudar: «Caminar en julio por La Habana a mediodía es una experiencia extrema. Pero no hay de otra».
Toirac necesita hacer el trayecto desde el municipio Playa hasta el Vedado durante varios días, llevando y trayendo cosas al Hospital Fajardo. El recorrido implica subir por la calle 42 hasta la 41, cruzar el «vetusto y bacheroso» Puente sobre el Almendares y llegar hasta la calle D. Para no arruinarse en el intento, combina tramos a pie con viajes en riquimbili, lo que él llama «creatividad resistiva (que no es lo mismo que resistencia creativa)».
La loma entre la calle 23 y el hospital es el punto más dramático del relato. «Esta loma me está sacando el bofe y tengo los tenis que parecen dos cabezas de fósforos», escribe, con esa mezcla de queja y carcajada que lo caracteriza.
En medio de la odisea, aparece el momento que le da alma al texto. Un riquimbilero lo deja en la esquina del parque de 23 entre C y D, y cuando Toirac le pregunta cuánto le debe, el hombre responde sin pensarlo: «Tú me has hecho reír muchas veces en mi vida pa venir a cobrarte ahora».
Toirac insiste en pagar —«es su trabajo», aclara, y no uno fácil, con esas calles llenas de baches y esos precios del combustible— pero el riquimbilero cierra el asunto con una sonrisa: «Esto es un regalo. Es un placer y un orgullo». Y arranca.
Sobre los riquimbilis, esos vehículos artesanales que se han convertido en uno de los transportes informales más usados en la capital, Toirac tiene una opinión clara: «han salvado en algo el transporte de la ciudad», aunque reconoce que sus tarifas, las más bajas entre las alternativas disponibles, siguen siendo inalcanzables para muchos. «Hay gente que tiene que apretarse las sandalias (que tampoco las venden baratas) y meterse largos tramos a pierruli, con la mano en la billetera acariciándola con un sentimiento entre la ternura y la rabia», escribe.
El colapso del transporte público habanero es el telón de fondo silencioso de toda la anécdota: desde el 6 de febrero de 2026, el déficit de combustible dejó fuera de servicio a más del 60% de los ómnibus urbanos, y los riquimbilis pasaron de curiosidad a necesidad.
Toirac llega por fin a la cima de la loma exhausto, planta la jaba bajo un árbol para recuperar el aliento y se anima a sí mismo con el mismo espíritu con que ha contado todo: «¡Dale, que tú puedes!»
Preguntas Frecuentes sobre el Transporte y la Crisis en Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Por qué Ulises Toirac describe un viaje por La Habana como una aventura?
Ulises Toirac describe un viaje por La Habana como una aventura porque implica cruzar la ciudad a pie y en riquimbili, soportando el calor de julio y el peso de las pertenencias. Además, el colapso del transporte público y las dificultades económicas hacen que el trayecto sea especialmente desafiante.
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¿Qué son los riquimbilis?
Los riquimbilis son vehículos artesanales que se han convertido en un medio de transporte informal crucial en La Habana debido al colapso del transporte público. Aunque sus tarifas son las más bajas entre las opciones disponibles, aún son inaccesibles para muchos cubanos.
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¿Cómo afecta la crisis del transporte público en Cuba a la vida diaria de los ciudadanos?
La crisis del transporte público en Cuba afecta gravemente la vida diaria de los ciudadanos, obligándolos a hacer largos recorridos a pie o a depender de transportes informales como los riquimbilis. La escasez de combustible ha dejado fuera de servicio a más del 60% de los ómnibus urbanos desde febrero de 2026, agravando la situación.
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¿Cuál ha sido la respuesta del gobierno cubano ante la crisis del transporte y la energía?
La respuesta del gobierno cubano ha sido insuficiente y se ha caracterizado por promesas de cambios estructurales que no se han materializado. A pesar de reconocer la gravedad de la situación, las medidas adoptadas no han logrado aliviar la crisis del transporte y energética, reflejando una gestión ineficiente y una desconexión con las necesidades del pueblo.
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