
Los apagones prolongados han convertido los paneles solares en un símbolo de estatus y supervivencia, mientras millones de cubanos siguen dependiendo de un sistema eléctrico colapsado o regresan a métodos de vida propios de otro siglo.
Hay épocas en que una sociedad se divide por ideologías, religiones o partidos. En la Cuba actual, marcada por los apagones casi permanentes, la nueva línea de separación pasa por los techos de las viviendas. De un lado están quienes lograron instalar paneles solares; del otro, quienes aún encienden un fósforo para cocinar o sobreviven a oscuras durante horas, reflexionó este viernes a través de su perfil en Facebook el escritor José Poveda Cruz.
Lejos de representar un lujo, los sistemas fotovoltaicos se han convertido en una herramienta de supervivencia para las familias que pueden costearlos, ya sea con ayuda de parientes en el extranjero, ingresos del sector privado o recursos propios.
El problema no radica en quienes consiguen escapar de los apagones, sino en que esa posibilidad depende de una crisis que afecta al resto de la población, apuntó.
La escasez ha transformado esos equipos en uno de los productos más codiciados del mercado. Los precios aumentan a medida que se agrava la crisis eléctrica y la incertidumbre alimenta la demanda.
En la práctica, la posibilidad de mantener encendido un ventilador, cargar un teléfono o conservar alimentos depende cada vez más del poder adquisitivo de cada familia, agregó.
El contraste resulta evidente en muchos barrios. Mientras algunas viviendas iluminan la noche con inversores, baterías y paneles solares, otras recurren a la leña para preparar los alimentos. Dos realidades conviven a escasos metros de distancia, una sostenida por la tecnología y otra obligada a retroceder a métodos que parecían superados hace generaciones.
Poveda convino en que las pequeñas luces alimentadas por baterías o modestos sistemas solares improvisados destacan entre las viviendas apagadas son señales de resistencia frente al colapso del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), pero también reflejan una creciente brecha entre quienes pueden garantizar un mínimo de autonomía energética y quienes dependen por completo de un servicio público incapaz de ofrecer estabilidad.
Los comentarios de ciudadanos revelan la profundidad de la herida social. "Ya no solo existe una brecha de desigualdad socioeconómica, también quien tiene el privilegio de tener corriente en un país apagado", escribió uno.
Otro apuntó que "se ha creado una relación directamente proporcional entre la cantidad de paneles que el beneficiado posee y la forma en que mira y trata a los que no tenemos nada".
Una tercera voz resumió el agotamiento colectivo: "Nos han dividido. A tal punto que cada cual piensa en escapar como pueda, de tan terrible miseria".
La fractura alcanza también a quienes creyeron en la educación como ascensor social. "Quizás la mayor ironía recaiga sobre los profesionales", escribe Poveda Cruz, "esos hombres y mujeres que durante décadas creyeron que un título universitario era un pasaporte hacia una vida mejor. Descubren ahora que el diploma ilumina menos que una batería de litio».
El cierre de su reflexión condensa lo que la crisis energética ha hecho con la sociedad cubana: "En la Cuba de los apagones, la electricidad ha dejado de ser un servicio: se ha convertido en la forma más visible de la desigualdad".
La crisis que alimenta esta fractura no tiene precedentes con un SEN colapsado que ya acumula desconexiones totales al menos ocho veces en 18 meses.
En zonas de Matanzas los cortes han llegado a acumular hasta 87 horas consecutivas; en La Habana el promedio rondaba entre 15 y 24 horas diarias sin corriente.
En ese contexto, acceder a un panel solar equivale a un lujo inalcanzable para la mayoría. En el mercado informal, un panel individual cuesta entre 990 y 1,000 dólares, más de dos años del salario promedio estatal, que ronda los 17.5 dólares mensuales.
Un kit residencial completo oscila entre 2,750 y 5,200 dólares. Los revendedores y la inflación agravan este panorama, pues lo que antes costaba menos de 100 dólares hoy se cotiza entre 200 y 300.
Solo quienes reciben remesas del exterior, tienen negocios privados o acceso a divisas pueden costear esa inversión. El panel ha dejado de ser tecnología para convertirse en privilegio.
La ironía del régimen resulta difícil de ignorar. El 8 de julio, apenas dos días después del apagón total, el gobernante Miguel Díaz-Canel recorrió una fábrica de paneles solares en La Habana para presumir de "novedosas soluciones energéticas", según el diario oficial Granma.
La propia nota oficial reveló, sin proponérselo, que la fábrica tuvo que instalar paneles en su propio techo para "independizarse del Sistema Eléctrico Nacional y no detener la producción".
Preguntas frecuentes sobre la crisis energética en Cuba y su impacto social
CiberCuba te lo explica:
¿Por qué los paneles solares se han convertido en un símbolo de estatus en Cuba?
En la Cuba actual, los apagones prolongados han hecho que los paneles solares se conviertan en un símbolo de estatus y supervivencia. Los sistemas fotovoltaicos son una herramienta de supervivencia para las familias que pueden costearlos, ya sea con ayuda de parientes en el extranjero, ingresos del sector privado o recursos propios. La escasez y el colapso del Sistema Eléctrico Nacional han transformado estos equipos en productos codiciados, reflejando la desigualdad socioeconómica en la isla.
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¿Cómo afecta la crisis energética a la vida cotidiana de los cubanos?
La crisis energética en Cuba afecta gravemente la vida cotidiana de los cubanos. Los apagones prolongados y la falta de gas obligan a muchas familias a cocinar con leña o carbón, lo que incrementa los riesgos de salud y la inseguridad alimentaria. Además, la falta de electricidad afecta el descanso, el trabajo y la estabilidad emocional de la población, llevando a una maduración forzada de los niños y generando ansiedad e irritabilidad.
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¿Qué alternativas han encontrado los cubanos para enfrentar los apagones?
Ante los apagones, los cubanos han encontrado diversas alternativas para enfrentar la crisis energética. Algunas familias han instalado paneles solares en sus viviendas para obtener cierta autonomía energética. También se han popularizado los triciclos eléctricos con paneles solares para transporte, mientras que cocinas solares y fogones de leña se utilizan para preparar alimentos, aunque estas soluciones no están al alcance de todos debido a sus altos costos.
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¿Cuál es el estado actual del Sistema Eléctrico Nacional en Cuba?
El Sistema Eléctrico Nacional de Cuba se encuentra en un estado crítico. Ha sufrido al menos ocho colapsos totales en 18 meses, lo que ha dejado a más de la mitad del país sin electricidad en múltiples ocasiones. La crisis se debe a problemas estructurales, como termoeléctricas obsoletas, falta de combustible y una gestión gubernamental ineficaz.
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