
Hubo un tiempo en que su figura esbelta y elástica parecía desafiar el cronómetro. Cada zancada era una mezcla de fuerza, elegancia y precisión; cada valla, apenas un obstáculo más para un corredor que convirtió los 400 metros con vallas en el escenario de sus mayores conquistas. Hoy ya no persigue las medallas desde el carril, pero conserva intacta la pasión que lo llevó a la élite.
Desde la pista del Khalifa Stadium en Qatar, transforma su experiencia en enseñanza, convencido de que el verdadero triunfo no siempre está en cruzar primero la meta, sino en formar a quienes algún día lo harán. Entre la paternidad y su nueva vida como entrenador, el campeón inicia una carrera distinta, donde el legado vale más que cualquier podio.
—Para mí es un placer volver a conversar con Yasmani Copello, quien hace muy poquito debutó como papá… ¡Felicidades, campeón!
El placer es mío y sí, soy papá de un niño. Se llama Ares y es la mayor bendición que ha llegado a mi vida. Su mamá, Elif, está muy feliz. Ella ha sido mi motor de impulso para lograr todo lo que tenemos hoy y, como madre, es una maravilla.
En lo personal me siento muy bien. No cambiaría nada. Sigo trabajando en lo que más me apasiona, que es el atletismo, solo que ahora desde otra perspectiva: la de entrenador.
—¿Cuándo y cómo fue tu despedida del deporte activo?
Me retiré después de los Juegos Olímpicos de París 2024. Llegué muy desgastado, tanto física como psicológicamente. Fue una decisión difícil y muy triste, porque significó dejar detrás lo que más me gustaba hacer en la vida: competir.
—Ahora desarrollas una nueva faceta como entrenador en Qatar. ¿Cómo comenzó esta etapa?
Comencé como entrenador a mediados de 2024; incluso, mientras todavía estaba activo como atleta. Terminaba mis entrenamientos y enseguida pasaba a dirigir a mis atletas, porque así se lleva esta profesión: directamente en el campo.
Actualmente tengo bajo mi mando a ocho atletas. Seis de ellos lograron la marca para participar en el Campeonato Mundial Junior de Oregón, EE.UU., que será en agosto de este año, aunque solo tres podrán asistir.
Trabajo principalmente con las pruebas de 400 metros planos y 400 metros con vallas.
Entre los atletas que más destacan está "Zeze", como le llamo, ya que los nombres árabes son un poco complicados para mí. El año pasado fue campeón asiático sub-16 con un tiempo de 51 segundos 26 centésimas. También sobresale Faisal, subcampeón asiático sub-18, con una marca de 50.54 segundos.
Lo más llamativo es que muchos de estos jóvenes nunca pasaron por un sistema de deporte escolar como el que tuvimos en Cuba; la mayoría fueron captados desde el fútbol.
—Qatar ha apostado fuerte por el desarrollo del deporte. ¿Cómo valoras las condiciones de entrenamiento allí?
Qatar se ha destacado por darle oportunidades a entrenadores jóvenes y también a otros con experiencia deportiva para impulsar el desarrollo del deporte —en el caso mío, el atletismo—, y elevar su nivel.
Entrenamos en el Khalifa Stadium, el mismo escenario donde se celebró el Campeonato Mundial de Atletismo de 2019. Es una instalación espectacular, que se ha mantenido en excelentes condiciones con el paso del tiempo y ofrece todo lo necesario para trabajar al más alto nivel.
La historia de Yasmani Copello es la de un atleta que nunca dejó de creer en su talento. Formado en el sistema deportivo cubano, vivió una carrera marcada por decisiones que limitaron sus oportunidades, pese a haber conquistado títulos nacionales y cumplir marcas de nivel internacional.
Luego de quedar fuera de la selección cubana, intentó relanzar su carrera en España, donde las lesiones tampoco le dieron tregua.
El gran punto de inflexión llegó en Turquía, país que apostó por sus condiciones, le concedió la nacionalidad y le abrió las puertas de la élite mundial. Allí alcanzó el oro en el Campeonato Europeo de Atletismo, celebrado en Ámsterdam en 2016, el bronce en los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro 2016 y la plata en el Campeonato Mundial de Londres 2017.
Para Copello, representar a Turquía nunca significó renunciar a sus raíces, sino agradecer al país que le permitió demostrar el potencial que, como él mismo reconoce, siempre supo que tenía.
—Yasmani, te formaste en el sistema deportivo cubano y luego desarrollaste gran parte de tu carrera internacional representando a Turquía. ¿Cómo ves el campo y pista cubano para Los Ángeles 2028?
Sí, me formé en el sistema deportivo cubano, que fue la base de mi desarrollo como atleta de élite, aunque después como bien tú dices, representé a Turquía.
A pesar de las dificultades que enfrenta el deporte cubano, creo que sigue manteniéndose en un nivel alto. Cuba continúa obteniendo medallas en campeonatos mundiales y buenos resultados en la Liga del Diamante, especialmente en las pruebas de saltos.
En las carreras, el panorama es más discreto, por no decir que está por debajo del nivel que históricamente tuvo Cuba.
Creo que en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, si todo está en orden y Cuba puede competir sin dificultades en Estados Unidos, habrá opciones reales de medallas, sobre todo en el triple salto y el salto de longitud, porque existe una escuela muy fuerte en esas especialidades.
—Los 400 metros con vallas requieren una combinación muy especial de velocidad, resistencia y técnica. ¿Qué se necesita para lograr la excelencia?
Los 400 metros con vallas es una prueba muy compleja. Se necesita combinar velocidad, resistencia, fuerza y una técnica muy precisa. Es un equilibrio difícil de lograr y requiere muchísimo estudio, planificación y experiencia. Precisamente eso es algo que sigo aprendiendo cada día más en mi nueva etapa como entrenador.
—Después de haber sido medallista olímpico y mundial, ¿qué legado te gustaría dejar como entrenador?
Más que formar grandes atletas, quiero formar buenas personas. Mi mayor legado sería educar a mis atletas no solo para el deporte, sino también para la vida. Si tienen una buena formación humana, estarán mucho mejor preparados para llegar a la élite internacional y conseguir grandes resultados.
—Para terminar, ¿quieres enviar algún saludo?
Sí. Quiero enviar un saludo muy especial a mi familia y, sobre todo, a mis padres, que son la fuente de este león que han formado. También quiero agradecer a todas las personas que aportaron su granito de arena para ayudarme en mi crecimiento deportivo… ¡Muchísimas gracias a todos!
Las grandes carreras terminan cuando se cruza la meta; las grandes trayectorias, en cambio, encuentran nuevas formas de continuar.
Después de escribir páginas memorables en el atletismo mundial, el desafío de Yasmani Copello ahora es inspirar desde el otro lado de la pista, guiando a una nueva generación con las mismas disciplina y pasión que marcaron su propia historia. Porque las medallas brillan en las vitrinas, pero el legado permanece en las personas que ayuda a crecer. Esa es, quizás, la victoria más importante de todas.
Nos despedimos del atleta y entrenador, pero queda el eco de una vida construida con esfuerzo, humildad y amor. Detrás de cada medalla hubo una familia, unos padres, un sueño y muchas manos tendidas. Gracias por compartir tu historia, tu corazón y recordarnos que la verdadera grandeza siempre deja huella.
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